miércoles, 26 de abril de 2017

Mis Libros Leídos: Cantos del desamor y el desencanto – Fernando Cely.


Cely, Fernando (1995) Cantos del desamor y el desencanto. Magia de la Palabra Editores. Bogotá, D. C.

Ayer
Te vi caminar
Por la acera
De una calle cualquiera.
No eras la misma:
La locura
No brillaba en tus ojos
Tu piel
Marchaba sin fragancias,
Tu aire
No respiraba vientos.
Eras tú
Perdida entre las gentes,
Eras tú caminando por la vida,
Sin mí.

Ayer, Fernando Cely.

Resultado de imagen para Cantos del desamor y el desencantoYa lo he dicho antes: No suelo leer poesía. Pero, ya sea por una necesidad de la vida, o por un deseo oculto entre lo más profundo de mi alma, me he topado con un libro de lo más artesanal, publicado un año después de mi nacimiento, escrito por alguien al que alguna vez tuve la oportunidad de escuchar, un hombre que decidió darle a la poesía las riendas de su vida: Fernando Alberto Cely Herrán, bogotano él, nació hacia el año de 1957. Ha dedicado su vida entera a las letras y es quizá, uno de los mejores poetas que ha visto la capital colombiana en los últimos años, pero ahí está la cosa, casi nadie lo conoce. Ha publicado más de 10 libros, todos de poesía, pero solo unos cuantos siguen por ahí, esperando para ser leídos.

Pues bien, debo decir que me siento triste por saber que las letras en mi patria no valen absolutamente nada. Es una mierda la literatura, sí, porque no importa el talento del escritor sino el apellido que tenga adherido a su nombre. Yo no quiero esto, no quiero que las letras se vuelvan en un producto más del mercado. Grito, me quejo, doy vueltas en el suelo, para que los poetas encuentren oídos y los novelistas deleiten cabezas. Hoy, pido por el alma de un arte que de a poco se va extinguiendo.
Recomiendo a todo lector curioso de este espacio que si alguna vez encuentra un libro como el que yo he hallado, no dude en leerlo, de seguro, le parecerá placentero. Unámonos todos de una buena vez, escritores y lectores, para decirle al mundo que nos importa un bledo lo que quieren hacer de nosotros, no seremos lo que esperan de nosotros. 

sábado, 22 de abril de 2017

Mis Libros Leídos: Si una noche de invierno un viajero – Italo Calvino.

Calvino, Italo (1979) Si una noche de invierno un viajero. Traducción de Esther Benítez. Ediciones Siruela. Barcelona, España (1980).

«La empresa de tratar de escribir novelas apócrifas, que me imagino escritas por un autor que no soy yo y que no existe, la llevé a sus últimas consecuencias en este libro. Es una novela sobre el placer de leer novelas; el protagonista es el lector, que empieza diez veces a leer un libro que por vicisitudes ajenas a su voluntad no consigue acabar. Tuve que escribir, pues, el inicio de diez novelas de autores imaginarios, todos en cierto modo distintos de mí y distintos entre sí: una novela toda sospechas y sensaciones confusas; una toda sensaciones corpóreas y sanguíneas; una introspectiva y simbólica; una revolucionaria existencial; una cínico-brutal; una de manías obsesivas; una lógica y geométrica; una erótico-perversa; una telúrico-primordial; una apocalíptica alegórica. Más que identificarme con el autor de cada una de las diez novelas, traté de identificarme con el lector...» Italo Calvino.

Un libro no es un libro hasta que lo hemos leído una y otra vez, siempre con una idea distinta de lo que podamos encontrar en su interior. La historia no es tan importante como la manera en que se cuenta, por ello los buenos libros siempre serán mejores por la forma en que están escritos que por lo que dicen.

Pues bien, recientemente, he terminado de leer mi doceavo libro en lo que va del 2017. En este año, he podido disfrutar de lecturas diversas, algunas muy buenas y otras no tanto. Unas maravillosas y otras, un poco más terrenales. Pero en ningún momento me había topado con un libro tan magnífico como éste, al que llegué por recomendación de uno de mis maestros, el escritor Oscar Godoy. Él, en medio de una clase, había comentado que esta novela nos permitiría, a mí y a los demás estudiantes, explorar en las variantes de la narración, de la perspectiva desde la que se cuenta, no tanto de la historia como de los medios para contarla. Dicho esto, me vi en la necesidad de consultar sobre el libro y su autor. Comencé a leer la novela y… ¿qué creen que pasó?

En este libro, un Lector, que eres tú, que soy yo, comienza a leer la última novela de Italo Calvino que se titula Si una noche de invierno un viajero, pero de repente, un error de encuadernación no le permite continuar. La búsqueda del ejemplar correcto lo conduce a otra novela Fuera del poblado de Malbork, y en medio de ella conoce a una Lectora especial (y bueno, ¿qué lectora no lo es?), Ludmilla. Habla con ella, se siente enamorado y sus encuentros ocasionales los llevan a encontrarse con otros libros, diez historias diferentes que no logran finalizar. En este andar de letras, el Lector descubre una red de falsificación liderada por un hombre que está obsesionado con Ludmilla. Una lectura y otra, una serie de sucesos inexplicables, personajes extravagantes, escritores ermitaños, editores corruptos, gobiernos opresores… La cuestión es ¿cuál historia espera su fin allá abajo

Tengo que decirlo: Sí, este es de los mejores libros que he leído. No tengo ninguna duda al respecto. Por ello, espero que todo lector que se acerque a este blog pueda encontrarse al interior de estas páginas escritas por el buen narrador italiano, y pueda entender así que no todos los libros tienen que terminar de la misma forma, que no todos deben hablar sobre las mismas cosas, y lo más importante, que son todos parte de uno solo, uno que se llama Vida.


lunes, 17 de abril de 2017

Mis Libros Leídos: El Dragón Rojo – Thomas Harris.

Harris, Thomas (1981) El Dragón Rojo. Traducción de Elisa López Bullrich. Edit. DeBolsillo. Penguin Random House, Grupo Editorial. Barcelona, España (2000).

En el camino que he tenido que transitar para llegar a ser el escritor que pretendo, me he visto en la necesidad de acudir a ciertas lecturas y documentos cinematográficos que me permitan entender la manera en que se han narrado ciertos temas que son de mi interés. Uno de ellos tiene que ver con la forma como un asesino piensa y ve el mundo, ¿qué lo lleva a hacer lo que hace? ¿Qué es lo que siente al arrebatarle la vida a alguien? Así pues, me he topado recientemente con la novela El dragón rojo, escrita por Thomas Harris.

Ya sabía yo de lo que trataba la historia, puesto que había tenido la oportunidad de ver la adaptación al cine que se realizó hacia el año 2002, dirigida por Brett Ratner y protagonizada por Edward Norton y Anthony Hopkins. Al ver la película, quedé fascinado ante la complejidad del personaje de Hannibal Lecter, por lo que decidí continuar con la saga cinematográfica y, posteriormente, con la lectura de los libros. Por ahora, esta ha sido mi única lectura de esta saga de misterio. Tal vez me acerque a los otros textos en algún momento de mi vida en el que necesite volver a los personajes de Thomas Harris.

Ahora bien, siendo este el undécimo libro que he leído en el año, debo decir que me ha parecido exuberante y magistralmente narrado. Es una novela de misterio, con tintes policiacos, que hace uso de un marco de composición en el que se halla el aterrador Dr. Hannibal Lecter, quien ha herido previamente (algunos años antes de iniciada la narración) a Will Graham y es consultado, posteriormente, por éste último para intentar detener a un nuevo asesino serial, uno que no deja rastros fácilmente y que selecciona a sus víctimas de un modo poco usual.

Una vez inmersos en la trama central, el personaje de Lecter queda de lado, apareciendo en pocas ocasiones, y es Francis Dolarhyde el eje de los hechos que se desarrollan a lo largo de la historia. El Dragón Rojo hace de las suyas, tomando la débil cabeza de Dolarhyde, y el lector es participe de la forma en que piensa éste asesino y la razón por la que decide hacer lo que hace. El pobre Dolarhyde es solo un instrumento de su propio instinto. Graham, en compañía de los agentes del FBI, intenta dar con la pista del Dragón Rojo, mientras éste se mueve constantemente, preparando su próxima aparición.

No contaré mucho más acerca de la historia, pues aunque la mayoría conozcamos la versión cinematográfica, debo decir que ésta dista mucho de lo que se relata en el libro. Hay uno que otro acontecimiento importante que se omite, pero lo más importante es la estrategia narrativa que utiliza el autor para narrar el desequilibrio de una mente esquizofrénica como la Francis Dolarhyde. Una voz dentro de él, una voz que el lector asume como parte de él, pero lo cierto es que se trata de una voz que tiene su propia identidad. El Dragón Rojo es uno, Dolarhyde es otro. El primero es producto de lo que acontece en la vida del segundo, el segundo es apenas un medio para la transformación del primero.

Pues bien, me ha gustado mucho esta novela. Me ha mantenido durante un buen tiempo pensando en la posibilidad de crear un personaje de estas características. Sólo me resta decir que recomiendo esta lectura a todos los fanáticos del suspenso y la literatura de misterio.

miércoles, 5 de abril de 2017

Mis Libros Leídos: El malestar en la cultura – Sigmund Freud.

Freud, Sigmund (1970) El malestar en la cultura. Alianza Editorial, S. A. Madrid, 2010.
Ve al vínculo para visualizar la imagen: 


Ya van diez en lo que va del año; son diez libros los que he podido leer en tres meses y cuatro días; diez libros que me han permitido entender que la vida pasa rápido y no alcanza para descifrar todas las letras que uno quisiera. En esta ocasión, cambié un poco mis horizontes de lectura, dejando aplazadas algunas piezas y olvidando otras; pasé, momentáneamente, de la literatura a la psicología con tintes sociológicos. El décimo libro que he leído es El malestar en la cultura, de Sigmund Freud (1856 – 1939).

Se trata de un ensayo en el que el autor se da a la tarea de realizar un análisis sociológico de los problemas de la cultura y sus posibles orígenes, abordados desde la psicología, más exactamente, a partir del psicoanálisis. Si bien no es una obra dirigida a especialistas, ni trata de precisar la técnica psicoanalítica o perfilar sus conceptos, el lector que se enfrente a su contenido habrá dee tener un conocimiento elaborado acerca del pensamiento freudiano.

Una evaluación de diversos conceptos y episodios históricos, permiten que el autor ejecute un profundo estudio a lo largo de diferentes pasajes en los que relaciona la estructura psicológica del individuo con la sociológica de la cultura. Es ahí cuando la dialéctica de la relación con el otro alimenta el malestar en la cultura, el cual se refiere a todas aquellas prohibiciones que se han impuesto a los hombres con el fin de mantener un orden idealizado en la sociedad, más divino que terreno, lo que conduce a la cultura a un estado neurótico de infelicidad. Y, aunque, la vida hay aceptarla en sus goces y en sus sombras, al margen de la utopía y de toda idealización de lo humano, no por ello hay que consentir con la injusticia concreta.

“(…) el destino de la especie humana será decidido por la caracterización de si el desarrollo cultural logrará hacer frente a las perturbaciones de la vida colectiva emanadas del instinto de agresión y de autodestrucción” (p. 138).

Surge a partir de esto un interrogante interesante: ¿Cómo es posible la cohesión de masas, y qué fuerzas se oponen a esta “unión” para destruirla y sumir a los individuos en un malestar sin solución? Existe un determinado lazo social que une a los individuos y mantiene siempre un interés por la destrucción, razón por la que la cultura, entendida como la formación de construcciones e instituciones al servicio del programa de mantenimiento del principio del placer, se soporta sobre la base de “potentes identificaciones” (religiones, ejército, movimientos liderados o partidos políticos). Menciona Sergio Hinojosa que, “Eros, capturado en el espejo de Narciso, construye e instituye así lazos afectivos, que sirven a la causa de esta necesaria cohesión social.  ¿Por qué el hombre tuvo necesidad de crear la cultura como medio para mantener esa economía del principio del placer? ¿Por qué la búsqueda del placer y la evitación del dolor llevan al hombre a esa otra “evolución” descomunal que es la civilización? El tratamiento de esta cuestión conduce al análisis de la formación del yo, y a la configuración inicial de los instintos: Eros y Thanatos. Es mediante Eros que nos distanciamos de la repetición inercial de la muerte y nos elevamos a relaciones cada vez más complejas. Eros y Thanatos son para Freud una exigencia teórica necesaria para entender la economía y la dinámica del aparato psíquico. Eros imbricado con Thanatos, Eros interponiendo defensas contra la eclosión de Thanatos. Parece un mito milenario”.

Todo lo anterior, quizá, no sea medianamente entendible, pero eso es algo que exige la narrativa de Freud: debes estar atento, no distraerte con otras cosas, lo que se hace complejo, ya que es imposible no pensar cuando se está recibiendo tanta información. Personalmente, este libro me ha gustado mucho, aunque varias cosas se me hayan escapado; llegué a él por recomendación de una maestra, hace ya un buen tiempo. Estuve aplazando la lectura y, en varias ocasiones, me di cuenta de que si hablaba de este texto, aunque no lo hubiese leído, lograba una buena impresión en una comunidad académica interesada por los problemas sociales. Pues bien, ahora ya sé de lo que habla este libro y he aprendido conceptos fundamentales para mis intereses como escritor.

Ya sea por un interés propio o por recomendación de otras personas, en algún momento de la vida habrá que conocer un poco de lo que habla Sigmund Freud, pues gran parte del comportamiento de la sociedad actual y su análisis se debe a lo que en vida hiciera este hombre. 


sábado, 25 de febrero de 2017

Mis Libros Leídos: Dos o tres inviernos – Alberto Sierra Velásquez.

Sierra, Alberto (2007) Dos o tres inviernos. Biblioteca de literatura del caribe colombiano. Universidad de Cartagena. Cartagena, Colombia.
Este es el noveno libro que leo en el año. Ya voy rompiendo mi propio record de los años anteriores. Pero eso no es lo que interesa. Bueno, a mí sí, pero a ustedes no. En fin, el libro del que hablo es Dos o tres inviernos, del escritor colombiano Alberto Sierra Velásquez. Se trata de un texto corto y revelador, no es nada sencillo de leer y su estructura es sumamente compleja. La novela, escrita a manera de monologo, es una reflexión sobre la soledad, el amor, el tedio y el abandono. El personaje que narra es una mujer que se halla encerrada en su habitación y se plantea la tarea de indagar en su mente acerca de la vida y la búsqueda constante del amor que, en ocasiones, se hace imposible.

Soy un objeto que se dilata, que odia o que ama o que no hace ninguna de estas cosas. Todos los días digo: ¡existo!, tengo derecho a vivir, a reír, a gritar, a respirar. Pero no estoy dispuesta a vacilar más. Todo va a terminar. Quiero salir de aquí, tener iniciativas, vivir. Oscurecer de una vez por todas esta vida inconcebible (p. 52).

Este libro es de esos que te dejan la sensación de que tu cabeza es un completo desorden. Lo que se halla al interior de esta novela es, literalmente, el desorden de una mente que divaga entre la vida y la muerte. Se trata de una mujer que ve pasar, uno a uno, dos de tres inviernos, y descubre que hay un sinsentido tenue en todo lo que hacemos. Lejos de ser un texto nihilista, el contenido de este libro llega a permearse por el existencialismo, en el sentido de que algunas de las afirmaciones que realiza el personaje, a cuya mente ingresa el lector, se orientan, casi de lleno, hacia una visión de mundo en la que la vida pasa a un segundo plano.

Usted es un pájaro que levantará su mano derecha y la extenderá hasta rozar apenas su frente. Yo seré su pájaro que no querré volver sobre el pasado, que ahora tendrá la necesidad de empezar nuevamente. Usted no volverá a estar devorado por la desconfianza en sí mismo. No somos pájaros abolidos (p. 77).

Debo decir que no he disfrutado de la lectura de esta novela. Me ha parecido una muy buena forma de poner a funcionar la voz narrativa del monologo interior, pero no ha sido una historia de mi agrado. Recomiendo a quienes se interesan por indagar en las técnicas de la literatura que se acerquen a este tipo de textos. A mí me ha servido para entender la dimensión de la estructura narrativa en una novela, pero no daría el libro a un lector que solo quiere extraviarse en un mar de letras y disfrutar de unas buenas palabras. Con este libro, literalmente, duele la cabeza. Considero que hay novelas para leer y otras para estudiar, ésta pertenece a la segunda categoría. Espero que mi próxima lectura supere mis expectativas.

martes, 21 de febrero de 2017

Mis Libros Leídos: Historias de San Petersburgo – Nikolái Gógol.

Gógol, Nikolái (1955) Historias de San Petersburgo. Traducción de Olga Sokolov y Lur Sotuela. Edit. Eneida. Madrid, España (2012).
La literatura rusa es, sin duda, una de las más ricas en la historia de la humanidad. Narradores como Pushkin, Tolstoi, Dostoyevski, Turguénev o Chéjov, nos han permitido entender que las mejores cosas escritas no siempre deben girar en torno a las acciones de un personaje, sino de la forma en que piensa dicho personaje para obrar de una u otra manera; la descripción, la introspección y la reflexión son tres de las características más notables en la literatura propia de la tierra de los zares, y uno de sus máximos exponente es, claro está, Nikolái Gógol (1809–1852), de quien, recientemente, he consultado lo suficiente como para asegurar que fue, y sigue siendo, uno de los mejores narradores de la literatura europea. Pero una afirmación como ésta carece de fundamento si quien la ejecuta no ha tenido acercamiento a la obra como tal. No es el caso, en esta ocasión, pues debo decir que he disfrutado de la lectura de, a mí parecer, uno de los libros de cuentos más maravillosos de todos los tiempos: Historias de San Petersburgo.

Con aproximadamente 260 páginas, este libro lleva en su interior cinco cuentos notables que, de manera impecable, retratan el clima y el ritmo de vida de una Rusia zarista que se debate entre la fantasía y la cruda realidad, tan inundada de divisiones sociales y desigualdades. El autor, con un toque de ironía que es, realmente, espléndido, narra estas historias con tal habilidad que, en ocasiones, el lector se sentirá como si estuviera en una conversación y no en medio de la lectura de un libro.

Pues bien, llegué a estos cuentos por recomendación de una maestra; al principio, solo tenía la idea de cumplir con la tarea, pero después me vi envuelto en un mar de historias, todas tan increíbles, que en lugar de leer únicamente lo pactado en clase, me dispuse a leer todo el libro y, debo decir que me ha gustado de sobremanera. El cuento que más curioso me pareció fue La nariz (1836), que narra la historia de un hombre que un día pierde su nariz y, de pronto, la ve caminando por la calle y fingiendo que es un funcionario del Estado. El lector podrá encontrar aquí una cierta similitud con lo que ocurre en La metamorfosis (1912), de Franz Kafka (1883–1924). Otro de los cuentos que disfruté fue El retrato, que es la historia, un poco al estilo de Oscar Wilde (1854–1900), de un cuadro con características misteriosas, un lienzo que pareciera haber sido pintado por el mismísimo demonio. En esta ocasión, el autor hace uso de distintas voces para contarnos lo que sucede alrededor de tan enigmático retrato y, en algunos pasajes, desarrolla un argumento magistral en torno a las acciones de un artista, sus pasiones y motivaciones. De este cuento me llevo una grata enseñanza; sin embargo, el texto que más me ha gustado, debido a intereses personales, es Diario de un loco, en donde se narra la historia de un hombre que está fuera de sus cabales y escribe un diario para entender un poco lo que le ocurre, para intentar acudir a la cordura en un momento de intensa locura. Pero, ¿quiénes somos para juzgar la locura de alguien? ¿Quién asegura que estamos cuerdos?

A través de la narración de paisajes, avenidas y calles, Gógol da cuenta de una sociedad en la que lo más vívido que puede ocurrir, por extravagante que parezca, es la desaparición de una nariz, el robo de un capote y la ira de un alma inconforme que se abalanza sobre hombres de apariencia noble, pero de corazón mezquino; el suicidio de un sujeto a causa de un amor imposible, el terror que produce la mirada de un prestamista retratado o las ocurrencias de un tal rey de España que vive en Rusia. La verosimilitud no es excusa cuando el talento se justifica por sí mismo. Debo decir, a manera de cierre, que no me cabe la menor duda de que éste escritor ruso fue uno de los máximos exponentes de la cultura de su tiempo y, hoy, años después de su muerte, sigue siendo uno de los mejores narradores de la literatura europea. Recomiendo su lectura a todo lector apasionado.

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