miércoles, 18 de octubre de 2017

Mis Libros Leídos: Al otro lado del mar – María Cristina Restrepo.

Restrepo, María Cristina (2017) Al otro lado del mar. Edit. Alfaguara. Penguin Random House, Grupo Editorial. Bogotá, Colombia.

‘Al otro lado del mar’, María Cristina Restrepo.
Alfaguara. Penguin Random House, Grupo Editorial. 253 páginas. Tapa blanda. $45.000 COP

“(…) Al otro lado del mar es la novela más reciente que ha publicado María Cristina Restrepo y, respaldado por ciertas opiniones, me atrevo a decir que se trata de su obra maestra. En este libro, la autora antioqueña se permite hacer uso de toda estrategia narrativa necesaria para contar la historia de una pareja de alemanes que se ve obligada a abandonar Cartagena, tras ser deportados, él y ella, a su país natal, en medio de la guerra.  “La relación entre Colombia y Alemania, diseccionada a través de un manojo de personajes del comercio y la diplomacia que se ven confrontados a las deportaciones provocadas por la guerra entre el Tercer Reich y los Aliados, es lo que caracteriza principalmente [a esta novela]. Alemanes, que no nazis, expulsados por el gobierno de Eduardo Santos bajo las exigencias de los Estados Unidos. Alemanes que desde el caos, el hambre, el frío y la violencia en Europa añoran la luz, la concordia, los sabores y los olores, la gente cordial de un país llamado Colombia.  Y resulta paradigmático, por no decir conmovedor, que un país como el nuestro, que habría de convertirse después, durante la segunda mitad del siglo XX, en uno de los trasuntos de otro horror planetario, sea evocado por estos alemanes desamparados como el único lugar donde es posible la salvación”.  El escritor Pablo Montoya, a quien le debo esta cita, ha sabido resaltar las cualidades de esta novela que, narrada como si se tratara de una película, les permite a los lectores transitar, de la mano de una voz omnisciente, hacia un abismo en el que hay un manantial como fondo. Continúa el autor: “Me atrevería a decir que el primer gran acierto, de entre muchos, que tiene Al otro lado del mar (…), es haber afianzado su hermosa y adolorida narración en esta premisa. Contar los avatares de un grupo de alemanes buenos en medio de la inclemencia de la segunda guerra mundial. Oponer al buen gusto, a la exquisitez, a un cierto espíritu sibarita y tolerante, al anhelo de vivir en paz y gozar los placeres que depara la existencia (esos placeres esenciales que nos prodiga una atmósfera, una comida, un licor, una caricia), a una realidad social de atroces despojos (…)”.Y es que esta novela ha sido escrita de una manera magistral, puesto que en ella nada sobra, nada falta; nada más se le puede pedir a esta historia que, en algunos de sus pasajes, permite sentir el asedio del dolor y sufrir con las experiencias que se narran, reconocer en el otro (en los personajes) la presencia de lo humano que se va haciendo pedazos, la fragilidad de nuestra condición condenada, desde el inicio mismo, a la extinción.

El amor inmarcesible entre Honorine y Albert, la fuerte devoción hacia su hija Angelika, las preocupaciones ante la llegada de la pequeña Elisa; el anhelo por ver de nuevo a Klara y a su madre Gudrun, la fuerte conexión entre los hermanos Rosen, Dafna y Daniel, con su padre, quien intenta, en vano, salvar la vida de su otro hijo y reencontrarse con los suyos en un país desconocido; la presencia tranquilizadora de la abuela Elisa, el brazo protector de Klaus, los temores de Emil, los cuidados de Maud, los amigos idos, los amigos venidos; los cartageneros presentes en el recuerdo, Fao, Canela, los Gutiérrez, Carlitos Mogollón; el carisma de Gerd, la mirada calculadora de Wolfgang y su misantropía selectiva, la alegría de Paula. Todos y cada uno de estos momentos, pequeños fragmentos de lo que el lector recibe en la novela, son apenas pinceladas de la buena construcción que ha hecho la autora respecto a sus personajes y a la forma en que se evocan los unos a los otros a través de los sonidos, el tacto y la comida, y se debaten por vivir en un mundo que se llena de ceniza, o morir en el recuerdo de algo que pudo ser y nunca fue. “La permanencia que dejan en la memoria del lector los personajes de Al otro lado del mar reside sobre todo en la dosis de humanidad que la autora les ha otorgado”, recalca Montoya.

María Cristina Restrepo ha escrito una de las novelas más bellas de este año en lo que concierne a la literatura colombiana, explorando, una vez más, la capacidad que tiene la mujer para soportar inmensas cargas de dolor; demostrando que el personaje femenino no ha sido escogido por azar, sino porque era necesario para contar esta historia inmersa en el intenso calor del trópico y el frío invierno del país bávaro, que se funde entre imágenes que corren todas en blanco y negro, con marcas de proyector desgastado a los lados y el sonido de la cinta que avanza hasta llegar a su final, con el aroma de las comidas caribeñas y la música que no puede faltar: Pink Floyd, Opus, Europe y un toque de Édith Piaf, para terminar con un épico David Bowie y esa sensación sublime que nos deja al decirnos que podemos ser héroes, solo por un día. Al otro lado del mar: un libro que habla sobre la posibilidad de seguir con vida, a pesar de la adversidad” (Octubre, 2017).

domingo, 15 de octubre de 2017

Mis Libros Leídos: 24 señales para descubrir a un alien – Juliana Muñoz Toro.

Muñoz Toro, Juliana (2017) 24 señales para descubrir a un alien. Tragaluz Editores. Medellín, Colombia.
Portada: '24 señales para descubrir a un alien'. Ilustración de Elizabeth Builes. Cortesía, Tragaluz Editores.


Juliana Muñoz Toro (…) ha escrito un libro en el que acude a la voz de un niño para narrar las experiencias más intensas que se pueden llegar a vivir con un padre al que se le ve poco, pero se le aprecia demasiado. Un extraterrestre que de día se comporta de una forma y de noche de otra, un alien que planea conquistar, primero la casa, y luego el planeta.

En 24 señales para descubrir a un alien (2017), la autora bogotana, periodista de profesión, se da a la tarea de dilucidar aquello que pasa por la cabeza de un niño llamado Benjamín, quien tiene la idea de que su padre lleva en su interior a un alien pequeñito que lo controla desde adentro. Sin duda alguna, esta imagen nos remite a muchos fanáticos del cine a lo sucedido en la primera de las películas de Men in Black (1997), en donde el príncipe arquiliano, aquel extraterrestre diminuto, utiliza como vehículo el cuerpo de un hombre. ¿Se acuerdan del viejito de los relojes que va con un gato y se reúne en un restaurante para dialogar con lo que parece ser un tipo demasiado alto que padece de alopecia, pero que en realidad es un alienígena? ¿Quién no lo es en esta película? El caso es que esta escena inspiró a Juliana para pensar en la posibilidad de poner un alien al interior de un hombre, de un Papá, salvo que en lugar de ubicarlo en la cabeza de éste, va acomodado en su corazón, desde donde logra controlar sus sentimientos y tener acceso a sus recuerdos.

A lo largo de la historia, que va acompañada por las hermosas ilustraciones de Elizabeth Builes, el personaje de Benjamín nos va entregando cada una de las señales que va recolectando para comprobar que su padre es un alien, o que ha sido controlado por uno. Él cree que, así como los astronautas necesitan un traje para ir al espacio, los extraterrestres necesitan un cuerpo humano para venir a la tierra. ¿No es tan descabellada la idea, verdad? Apuesto a que más de uno de nosotros tenemos a alguien en casa que, en realidad, parece más un visitante extraño de algún planeta distante que un miembro de la familia.

El mejor amigo de Benjamín se llama Carlos; siempre juegan juntos y tienen un código secreto para comunicarse entre clases. Un día, en casa de Benjamín, los dos amigos discuten y dejan de hablarse por un buen tiempo. ¿No es esto algo sumamente común en nuestra niñez? Recuerdo que tenía compañeros de colegio que se disgustaban por pequeñeces y se enojaban como el que más, pasaban los días y ese enojo de niño, tan intenso e ingenuo, se iba desvaneciendo de a poco hasta que, de pronto…“¿Trajiste tu juguete nuevo? ¿Podemos jugar en el recreo?” Pues, ¿acaso no estábamos discutiendo? Esto es lo que nos hace niños, sabernos invencibles un momento y, al otro sentirnos los más vulnerables del mundo; entonces, extrañamos a Mamá, las granadillas de los mocos de gigantes comienzan a gustarnos, las ensaladas con sabor a tierra son las mejores y Papá, ese Papá gruñón y amargado se convierte en el ser humano más amado. “¿Por qué un alien tiene tantas ganas de vivir en este planeta? ¿Por qué se roba un cuerpo, y sus recuerdos tristes, y su trabajo aburrido? Tal vez este alien solo quiere tener una familia…” (p. 117).

Aunque la autora haya escrito este libro para un público infantil, no hay restricción alguna si el lector adulto quiere acercase a él. Una vez, alguien dijo que los mejores libros no tienen límite de edad o condición, solo andan en busca de un buen lector. Yo lo creo así. La historia de Benjamín es acerca de los sueños, los juguetes, los viajes intergalácticos, las sospechas sobre la presencia de alienígenas en la Tierra, la forma en que intentamos entender a nuestros padres, los juegos con los amigos y con nuestro hermano gemelo imaginario, con la gallina y los cucarrón-cometa. Este libro nos permitirá recordar a más de uno lo maravilloso de saberse niño” (Octubre, 2017).

lunes, 2 de octubre de 2017

Mis libros leídos: "El jorobadito", de Roberto Arlt.

Arlt, Roberto (1933) El jorobadito. Fabril Editora, 1968. Buenos Aires, Argentina.

“(…) todos sabemos que estamos condenados a muerte. Hoy, mañana, el año que viene… pero un día…”

El jorobadito es el libro número 22 que leo en el año, la misma cifra que mi edad actual, a tan solo dos semanas de llegar a las 23 primaveras. Esta colección de cuentos, publicada originalmente en 1933 y reeditada en más de una ocasión, fue escrita por Roberto Arlt con el ánimo de dar inicio a su legendaria obra narrativa (aunque no conscientemente, claro), desconocida por muchos y apreciada por tantos. Entre sus más grandes lectores se encuentran Julio Cortázar y Ricardo Piglia, ambos fascinados por el estilo de Arlt, decidieron trabajar al interior de dicho universo narrativo durante algún tiempo; de esta manera, tanto Cortázar como Piglia coordinaron grandes antologías de la obra del escritor versátil. El uno escribió el prefacio y dirigió el título Obra completa, editado por Omeba, en 1981; el otro, lo hizo con la mejor antología de cuentos del autor hasta ahora registrada, editada por Seix Barral, del Grupo Planeta, en compañía de Omar Borré, hacia el año de 1997.

Nos hallamos con un escritor poco bondadoso que se vale de la tragedia del ser humano para detonar las tramas de sus cuentos y construir personajes con rasgos autobiográficos, a la vez que engañosos, aunque Arlt nos acostumbra a narraciones en primera persona con claro afán de verosimilitud, no solo aquí, también en muchas de sus novelas. En uno de estos cuentos Escritor fracasado, casi un monólogo interior, el narrador ahonda en lo más profundo de su subconsciente, declara suspicazmente sus principios estéticos dentro del complejo mundo literario que le tocó vivir. «¿Para qué afanarse en estériles luchas, si al final del camino se encuentra como todo premio un sepulcro profundo y una nada infinita? Y yo sé que tengo razón». Aquí se arremete directamente contra los críticos ultraconservadores, contra los escritores estériles; se muestra un desprecio por la posición oficialista literaria. Pero este desprecio no se limita únicamente al mundo del arte, muestra la misma animosidad por cualquier vivencia institucionalizada, como se puede ver en los cuentos Ester PrimaveraEl jorobaditoNoche terrible Una tarde de domingo, en donde el malestar hacia el concepto del matrimonio es más que notorio. En Pequeños propietarios y Las fieras, la cosa no es inferior, aparece siempre una resistencia ante el orden impuesto. ¿No se les hace que Arlt escribe siempre a partir de lo que sucede a su alrededor? Su oficio como periodista, redactando sus populares Aguafuertes, le permitió establecer una visión de mundo en la que el oprimido es el protagonista y todo se mueve como a pie de página. No hay duda alguna de la habilidad notable de Arlt para cartografiar su realidad. El antihéroe planteado por este autor es casi siempre el mismo, en definitiva, concentra la angustia y frustración de un hombre estigmatizado por la sociedad en crisis en la que vive.

Este libro fue la primera colección de cuentos que, en vida, publicó Roberto Arlt. Hoy, años después de dicha publicación, rescato el legado de tan magno escritor e invito a los lectores a acercarse a su obra, puesto que éste es uno de esos autores que merecen más, mucho más.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Mis Libros Leídos: La noche en que Frankenstein leyó el Quijote – Santiago Posteguillo.

Posteguillo, Santiago (2012) La noche en que Frankenstein leyó el Quijote. Colección  Booket. Editorial Planeta. Barcelona, España.
“(…) ¿A quién le debemos el orden alfabético en nuestras bibliotecas? ¿Qué personaje de la ficción literaria superó a su creador, aún después de la muerte? ¿Escribió Shakespeare, realmente, todas sus obras? ¿Recurrió Alejandro Dumas (padre) a un ayudante para escribir sus grandes novelas? ¿Qué genio de la literatura universal logró escribir una obra maestra en veintiséis días? ¿No se han conocido todos los textos de Franz Kafka? ¿Los escritores que escriben sobre asesinos, alguna vez han matado a alguien? ¿Quién es Alice Newton? Las respuestas a éstas y otras preguntas se encuentran al interior de este libro, una colección de lo más didáctica acerca de los misterios y curiosidades alrededor de la literatura.

Es un texto dirigido a los lectores curiosos y a aquellos que han querido iniciarse en la lectura de los clásicos, pero que al encontrarlos sumamente distantes y complejos, han preferido dejarlos de lado. “Me gustaría que quien leyera este libro sintiera la necesidad de leer otros”, comenta el autor, quien estuvo de visita en Bogotá, durante el mes de agosto. “Siempre tengo miedo de que la gente se olvide de los clásicos”. Por esta razón, Posteguillo ha decidido acoplar estas anécdotas y detalles misteriosos de la vida de los escritores para que la curiosidad y el interés vuelvan a florecer. “Llevo muchos años impartiendo clases de literatura y descubrí hace tiempo que lo curioso, lo anecdótico o lo misterioso de la vida de los escritores y escritoras de todos los tiempos atrae a los estudiantes hacia sus obras, que es lo esencial: que lean sus obras”.



Además de las anécdotas y los relatos misteriosos, en La noche en que Frankenstein leyó el Quijote, para dar rienda suelta a la vida secreta de los libros, se hallan las ilustraciones de Joan Miquel Bennasar y Josep Torres, que facilitan la lectura de lo que Santiago Posteguillo ha logrado configurar como una herramienta fascinante para hacer que los lectores sigan siendo lectores y se interesen por descubrir aquello que se encuentra oculto detrás de las vidas de los libros (porque los libros tienen otras vidas)”.

Recomiendo, entonces, la lectura de este texto a quienes disfruten de la capacidad de asombrarse, de verse anonadados ante datos poco explorados y que encuentran regocijo en aprender siempre un poco más acerca de la literatura. Lean, pues, para saber si acaso Frankenstein aprendió a leer.

sábado, 19 de agosto de 2017

Mis Libros Leídos: Aves de paso – Eduardo Peláez Vallejo.

Originalmente publicado en: Revista Canéfora.

Peláez Vallejo, Eduardo (2017) Aves de Paso. Alfaguara. Penguin Random House, Grupo Editorial. Bogotá, Colombia.

Y lo leí completo, y me gustó completo, y terminé, por completo, satisfecho. Esa ha sido la sensación que me ha dejado la lectura de Aves de paso, el último libro que ha publicado el escritor antioqueño Eduardo Peláez Vallejo, quien es, posiblemente, el representante del género del testimonio en la literatura colombiana contemporánea. Lo dije, previamente, en una entrevista que le hice al autor y que apareció publicada en el suplemento cultural del periódico El Espectador. Ahora, después de haber completado la lectura de esta historia, puedo confirmar que, sin duda, Peláez Vallejo es dueño de una prosa finísima, tenue y sutil, con la que le da rienda suelta a los artilugios, siempre tan huidizos, de la memoria.

Aves de paso es la historia de los hermanos del autor, Ricardo y Marta Luz. Se trata de una reconstrucción minuciosa del recuerdo hecho verbo, una historia acerca de la posibilidad de vivir en un mundo en el que el tiempo se va rápido y el aire no alcanza para que todos respiren al mismo ritmo. Los retratos, los escenarios difusos, las anécdotas comiquísimas, las miradas en retrospectiva a lo que pudo haber sido y no fue, hacen de este libro un culto a la posibilidad de soñar despierto, una suerte de búsqueda de la vida que se va quedando encerrada al interior de una finísima gota de tinta azul que yace en el pie de una criatura diminuta.

Los ojos, de color sin nombre, mezclaban el verde, el pardo y el amarillo de tonos rebajados y disparejos (un ojo más claro que el otro), pero la mirada no carecía de unidad y verlo no hería como una imperfección ni representaba un felino. Eran ojos de paz de un hombre de paz y brillaban al sol bajo las cejas cerradas y las pestañas rubias, como una adición de vitalidad, luz y color” (p. 23).
Con este libro he logrado una lectura maravillosa de lo que significa soñar con los ojos abiertos, conocer al desconocido y tomarle afecto, llorar con la congoja ajena y sentir con el corazón distante y apretujado, vivir, morir y montar a caballo, caerse de él y luego pararse, para seguir conversando con el jinete de al lado. En el transcurso de la lectura se me vino a la memoria aquella película de 2013, Philomena, dirigida por Stephen Frears y protagonizada por Judi Dench; un acierto cinematográfico para describir el dolor de una madre ante la imposibilidad de conocer el paradero de su hijo perdido. Aves de paso no habla sobre los hijos perdidos y las madres que se pasan la vida buscándolos, sino de los sentimientos que no se dieron y que quedaran, como el viento, latentes en la inmensidad.

Eduardo Peláez Vallejo ha dicho que él no escribe de otra cosa distinta a lo que ya conoce, pues a Dios gracias porque ha sabido muy bien cómo fundir la ficción al interior de la realidad y así, poner a funcionar un episodio sumamente terrenal como si fuera la mayor historia jamás contada. Su obra no es acerca de su vida, sino de cómo su vida se ha hecho literatura con el paso de los años. “Ella, como todos nosotros, es un enigma”.

Eduardo Peláez Vallejo y Santiago Díaz Benavides, 2017. Fotografía, Paula Díaz.
Recomiendo, entonces, la lectura de este libro, esperando que los lectores puedan sentirse tan a gusto como yo lo hice, y con el ánimo de que puedan entender que no importan tanto los años vividos como los días venideros en los que la alegría será el sustantivo que le ponga nombre a nuestro destino.

domingo, 13 de agosto de 2017

Mis Libros Leídos: Caídos del cielo – Ray Loriga.

Loriga, Ray (1995) Caídos del cielo. Plaza & Janés. Barcelona, España.

Caídos del cielo es la tercera novela escrita por el autor madrileño Ray Loriga, recientemente ganador del Premio Alfaguara de Novela 2017. Con este libro logró posicionarse como una de las voces narrativas más interesantes de la literatura española contemporánea y confirmar así que sus intereses al momento de escribir están lejos de lograr un nombre imborrable para la historia de la literatura universal.

En esta novela, un chico que escapa en un auto, acompañado por ella, una chica de lo más hermosa, a quien no conoce de antes, pero de la que se irá maravillando con el pasar de los días, ha asesinado con una pistola a un guardia de seguridad y la policía lo está buscando. Nadie tiene la menor idea acerca de su paradero y su hermano menor es el único que parece estar tranquilo con lo que está sucediendo. Es precisamente él quien narra la historia de su hermano y hace que los lectores nos sintamos en medio de una road movie en la que una huida, del tipo Bonnie y Clyde, es el eje central. “La maldad disimulada, la imposición de una identidad, son motivos suficientes para que el protagonista se fugue en compañía de la chica y reclame a voz en grito, en cada uno de sus actos, que lo dejen en paz”.

“Después de disparar, pasó un segundo negro, completamente oscuro, como si se hubiera disparado en su propia cara. No sentía la mano y no sentía el peso de la pistola. Luego empezó a ver otra vez y lo primero que vio fue la cara de la gente asustada, sólo que no parecía gente, no tenían nada que ver con lo que había visto antes. Entonces se dio cuenta de que todo, la caja registradora, los botes de comida, las revistas en los expositores, cualquier cosa que mirase, todo, parecía estar recién hecho, recién inventado, nuevo, eran cosas que él no conocía, que nunca había visto. Cada paso que dio hacia la salida le pareció nuevo, cada vez que respiró tuvo la sensación de respirar un aire nuevo y cuando por fin se vio en el espejo que había junto a la puerta de cristal se encontró tan diferente y tan lejanamente familiar que estuvo a punto de saludarse. Tampoco pudo evitar ponerse un poco contento al darse cuenta de que él seguía vivo y era otro el que se había muerto” (p. 69).
Eran otros tiempos cuando Ray Loriga publicó este libro. Aún no tenía 30 años, llevaba el cabello largo, chaqueta de piel y tatuajes, más parecido a un cantante de rock que a un escritor. Sus dos títulos anteriores, Lo peor de todo (1992) y Héroes (1993), son una colección prodigiosa de versos sueltos que ilustran la afición por personajes jóvenes, algo extraviados, con más preguntas que respuestas, héroes de comic, inocentes pese a su aparente rudeza; este tipo de personajes son los que llegan a este libro, como ángeles caídos, de allí el título.

Como en Natural Born Killers (1994), dirigida por Oliver Stone (1946), en Caídos del cielo hay una sátira interesante, muy de los años 90, hacia los medios de comunicación y los reality shows, que ahora ya están tan asentados que nadie los critica, sino que se asumen como géneros fijos y populares. Esta novela está salpicada por música rock, películas y personajes iconográficos, como Bruce Lee, o Thelma y Louise, además de ciertos diálogos y actantes estereotípicos (la pareja de policías, el malo y el bueno, el tonto y el inteligente).

Pues bien, las páginas de Caídos del cielo le permiten al lector sentirse ante una película, una reproducción de algún clásico de carretera, y experimentar la sensación de que, en realidad, nada importa. Recomiendo este libro a quienes quieran conocer a Loriga como autor, a los que gusten de historias similares, relatos ágiles, cinematográficos, como una canción de Bowie o alguna melodía de The Smiths.

En el siguiente link, se encuentra una entrevista que le hice al autor, durante su visita a Colombia, como parte del trabajo que vengo realizando para la Revista Canéfora: