lunes, 28 de mayo de 2018

Mis Libros Leídos: Ser colombiano es un acto de fe – Juan Camilo Rincón


Rincón, Juan Camilo (2014) Ser colombiano es un acto de fe. Historias de Jorge Luis Borges y Colombia. Fundación Libros & Letras. Bogotá, Colombia.


“Borges es uno de los escritores más importantes de la literatura latinoamericana, y su creación ha sido reconocida internacionalmente, asunto que es bien sabido por todos. Borges, con su estilo inconfundible, no busca comunicar más que el elogio a la literatura y al conocimiento. Su labor como escritor no se entrega a temas comunes como el género o la política, y sus palabras están llenas de un profundo valor histórico”. Así comienza el primer capítulo de este libro en el que Juan Camilo Rincón Bermúdez, periodista egresado de la Universidad Externado de Colombia, se da a la tarea de investigar las relaciones que el argentino logró establecer con nuestro país, sus intelectuales, sus paisajes y sus letras.

Ser colombiano es un acto de fe. Fotografía, Santiago Díaz Benavides (2018).

Es bien sabido que Borges conocía los versos de José Asunción Silva y defendía la contundencia narrativa de Jorge Isaacs con María (1867), pero no todo el mundo sabe que fue gran amigo de Juan Gustavo Cobo Borda y Álvaro Castaño Castillo, quien le hiciera una de las entrevistas más recordadas por los colombianos. Tampoco se tiene muy presente que fue declarado ciudadano meritorio por parte de la Alcaldía de Bogotá, en el año 1978, y que recibió las llaves de la ciudad, o que mantuvo una correspondencia con Jorge Gaitán Durán y le hizo llegar, de manera anticipada, una de las primeras páginas de Historia de la eternidad (1936). Alrededor de Borges se hallan enigmas, preguntas sin responder, poemas inventados y otros que escribió él sin siquiera saberlo. Hay quienes creen que no era humano sino marciano, y que todo lo tenía dispuesto de antemano. Quienes lo leemos con fervor, defendemos la idea de que no era marciano, ni humano, sino todo lo contrario, él era borgiano.

En Ser colombiano es un acto de fe (2014), título publicado por la Fundación Libros & Letras, y recientemente incluido por el mismísimo Alberto Manguel en la base de datos de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno de Argentina, el lector podrá encontrar un buen número de anécdotas y datos que develan el profundo cariño que Borges llegó a tomarle a nuestro país. Cuando uno ha nacido después de la época del Boom, como es mi caso, este tipo de textos son sumamente valiosos, pues permiten reconstruir aquellos días en que Cortázar se animaba a mostrarle uno de sus cuentos a un hombre de cabello cano y mirada serena como la brisa, para después convertirse en el gran escritor que fue; cuando García Márquez hablaba con Álvaro Mutis acerca de Kafka y Juan Rulfo; cuando Carlos Fuentes sorprendía narrando lo que nadie había querido en La región más transparente (1958); cuando Vargas Llosa escribía La casa verde (1966) y José Donoso sorprendía a los españoles en su tierra; cuando la literatura latinoamericana extendió las fronteras y dejó de ser nuestra para comenzar a ser de todos.

El acierto de Rincón al escribir este libro es más que preciso. El trabajo de investigación que hay detrás refleja muy bien la pasión que el periodista le tiene a la literatura del argentino y es una muestra del buen periodismo narrativo que se ejerce en el país. Si me lo preguntan, creo yo que este libro hará parte de aquellos pequeños tesoros que la literatura colombiana ha engendrado a lo largo de los años, pues lo que aquí se lee no es más que un homenaje a los borgianos, al ser colombiano, al acto de fe que todos representamos y que Borges en vida logró capturar en su tinta. Pasarán los días y el argentino seguirá vivo, y nuestras letras seguirán altivas mientras exista gente que escriba y que recuerde lo maravilloso de saberse vivo.

¿De qué manera surge su interés por el estudio de la literatura latinoamericana, y especialmente, por la obra de Jorge Luis Borges?
Mi amor por la literatura latinoamericana viene desde muy pequeño; las primeras lecturas de Cortázar, Sábato y García Márquez me permitieron ver de forma diferente nuestra cultura y nuestras realidades, describiendo otros aspectos de su belleza que me maravillaron y me sorprendieron. Borges me mostró que esa literatura que veía tan lejana, de un continente antiquísimo que no conocía, también podía narrarnos de alguna manera, y estaba presente en este lado del océano. Hay muchos elementos que no son exclusivos de Grecia o Roma, también lo son, a su manera, de Buenos Aires y, ¿por qué no?, de Bogotá. Desde muy joven entraba en las casas viejas y caminaba hasta los sótanos esperando encontrar mi propio Aleph.

Siendo bogotano y colombiano, siendo lector, ¿cuál cree que es la importancia de la obra del argentino para la literatura latinoamericana?
Borges, Rulfo y otros más son los antecesores del Boom latinoamericano. Desde Cortázar hasta García Márquez, pasando por muchos otros autores, todos reconocen que su maestro en lengua propia fue Borges. Él fue ese escritor que habló desde Suramérica en un lenguaje casi universal y revolucionó la forma de escribir cuentos. Los textos más importantes de nuestro continente de los últimos setenta años no habrían sido escritos y no tendrían tal importancia para la lengua española y para occidente sin la obra del autor de Ficciones. Cada escritor sobresaliente de las últimas décadas reconoce su maestría y el valor de su influencia. Él fue de los primeros escritores no estadounidense o europeo que nos dio ese soplo de vida que nos conectó con otros hemisferios y nos vinculó a la historia y la literatura universales.

Para las nuevas generaciones, ¿cuál sería la clave para leerlo a Borges?
Borges quedó ciego a la mitad de su madurez; su obra anterior a este infortunio es maravillosa pero compleja. Al perder la vista, se vio obligado a cambiar su forma de narrar y eso permitió que su obra tomara matices más cercanos. Entre otras cosas, se entregó a la oralidad para seguir ejerciendo su pasión y, de paso, tener algunos ingresos. Por eso hay un buen número de libros que recuperan sus conferencias y entrevistas, permitiéndole al lector entender los elementos que rodean su obra, los antecesores a quienes leyó y que determinaron su forma de pensar y de escribir, la carpintería de su literatura y su forma de maravillarnos con tanto conocimiento. Siempre sugiero que el primer lector de Borges se acerque a estos libros, que tienen un origen más oral, antes de embarcarse en su literatura; esto le dará herramientas y nociones que le permitirán incursionar mejor y acercarse de otra forma a su espectacular obra.

¿Por qué escribir sobre él? ¿No se ha dicho mucho ya acerca del escritor nacido en Buenos Aires?
Borges, al igual que su obra, es inconmensurable. Para mí él es un libro de arena con páginas infinitas. Cuando un hombre de este calibre genera una revolución vital no solo para nuestra lengua y nuestras letras, impacta nuestra forma de pensar, se hace apremiante la necesidad de seguir investigando sobre él. Aún falta mucho por descubrir. Mi libro Ser colombiano es un acto de fe. Historias de Jorge Luis Borges y Colombia muestra de una forma sintetizada y cercana al lector el enorme impacto de la obra borgiana en nuestra literatura. También evidencia la importancia de sus visitas a nuestro país para un grupo de intelectuales que estaba en aquel entonces en la cúspide de la producción de sus obras, hecho que les permitió ver otras cosas, otros elementos para sus creaciones, y comprender que en la literatura siempre pueden recorrerse otros caminos. Al igual que ocurre con Cervantes, nada de lo que se diga sobre Borges es demasiado; siempre habrá algo más que contar, otra forma de analizarlo, de leerlo, de entenderlo. Eso es lo más rico de su legado: siempre nos dará de qué hablar (mayo, 2018).

jueves, 19 de abril de 2018

Mis Libros Leídos: Un librero – Álvaro Castillo Granada


Castillo Granada, Álvaro (2018) Un librero. Literatura Random House. Penguin Random House, Grupo Editorial. Bogotá, Colombia.


Lo conocí sin conocerlo a Álvaro Castillo Granada, una tarde del año 2002, cuando yo tenía 9 o 10 años y la aventura de San Librario recién cumplía cuatro. No recuerdo con quién iba, si era mamá, la nona o una tía, si me lo estoy inventando o no, pero lo que sí recuerdo claramente es aquel aroma a libro viejo que da la bienvenida a los lectores en la librería del librovejero. Allí tuve mi primer gran contacto con los libros, sin quererlo y sin saberlo. Me encontré con una edición bellísima (que no he vuelto a ver desde entonces) de Las mil y una noches, en pasta dura. Me parece que era del Círculo de Lectores. En ella me interné con vehemencia hasta que no hubo otra solución que comprar el libro. Así fue, y me fui del lugar sin saber que aquel ejemplar se me extraviaría en alguna mudanza, que no lo recordaría hasta mucho después y que, pasado el tiempo, me encontraría de nuevo con ese hombre tan particular, el de los ojos grandes que observaba todo bajo unos lentes tipo Lennon, que sonreía con timidez y decía en voz alta: “Lléveselo. A él le va a gustar”.

El 28 de julio de 2017, tras 15 años sin haber pisado el suelo de esa librería, regresé para hablar con él. No me recordó, no tenía por qué hacerlo. Ni siquiera yo lo recordaba muy bien. De repente, él era el librero y yo un periodista que se acercaba, con una libreta y una grabadora de casete, a hacerle preguntas sobre su oficio. Hablamos, en medio del sonido de las calles, acerca de aquello a lo que había dedicado su vida entera; le pedí que me definiera, en sus palabras, lo que significa ser librero. “Para mí, un librero es una persona a la cual le gusta mucho leer, y se encuentra destinada a ser el puente entre los libros y los lectores. Un librero debe ser lector, tiene que estar informado, saber de qué tratan los libros o lo que dicen los autores; un librero es un intento de mago, de realizador de sueños, un consejero, un amigo, un celestino”, contestó. Mucha gente busca por mucho tiempo un libro y es el librero quien en un estupendo y sublime acto de magia lo hace aparecer. Escuchar a Castillo Granada hablar con tanta pasión solo es comparable, quizá, con leer por vez primera y a viva voz aquellas líneas iniciales de Cien años de soledad. ¡Pura fantasía!

Entre tantos libros, muchos son los que han calmado su sed de lector, en diferentes momentos de la vida. A Pablo Neruda y Julio Cortázar les tiene una estima infinita. Le pido que me diga cuál fue el primer libro leído del que tiene memoria y él responde, sin titubear: Corazón, de Edmundo de Amicis. Me cuenta, además, de los libros más raros que ha vendido, de los lectores más peculiares que ha conocido y de los Gabriel García Márquez, los Armando Orozco Tovar, los Paco Ignacio Taibo II, los Germán Castro Caycedo, los Juan Gabriel Vásquez, los Leonardo Padura, los José Luis Díaz Granados, las Piedad Bonnett y las Gioconda Belli que tanto ha leído, recomendado, y conversado. A ellos les ha estrechado la mano y se los encuentra cada tanto, entre las páginas de los libros que a las estanterías de su librería llegan a parar, destinados, como sabemos, a esperar un poquito más, y quizá unos años, a que aparezca el lector ideal.

Sí, los ha leído a casi todos ellos y recuerda con cariño las lecturas que más le han conmovido. Desde aquella tarde en que regresé, no he dejado de visitarlo. Nacido en Bucaramanga hacia 1969, Castillo Granada es uno de los libreros más conocidos de Colombia. Además, es editor, escritor, y lector inagotable. Cursó su bachillerato en el Colegio San Bartolomé La Merced y al graduarse decidió estudiar Literatura en la Pontificia Universidad Javeriana. Por cosas del destino, nunca se tituló como profesional, y a cambio de eso, dio con el oficio de su vida, su pasión, su vocación: ser librero.
El 30 de noviembre de 2018, el librovejero cumplirá 30 años en su oficio, demostrando que el tiempo es solo un aliado para quien atesora la vida entre párrafos. Quienes lo hemos seguido, leído, oído y admirado, entendemos bien que su dedicación es inquebrantable y que todo esto, como no podía ser de otra manera, ha decidido reunirlo en un libro de cuentos: Un librero, publicado en febrero de este año por el sello Literatura Random House. Su éxito ha sido maravilloso. ¿Quién no va a querer leer el libro escrito por el librero? Lo cierto es que hay que tener cuidado, porque uno puede enamorarse. Pilar Quintana así lo reconoce: “Este libro debe abrirse con cuidado, pues contiene la vida secreta de los libros: las manos que los acariciaron, los lugares que recorrieron, las obsesiones que despertaron, las amistades y los amores de los que fueron cómplices”.

Un librero, de Álvaro Castillo Granada. /Fotografía, Santiago Díaz Benavides.

Son dieciséis relatos en los que Castillo Granada se dobla y se desdobla, despliega todo, sus vivencias como narrador y los años de experiencia siendo librero, para narrar las historias que dentro de una librería van surgiendo, que los años van concibiendo, que los libros van guardando al pasar de mano en mano, para rendirle un homenaje sincero al mejor invento del hombre y al oficio más amable de todos. Aquí, la magia de las palabras trasciende las páginas para quedar tatuada en nuestra memoria e impactarnos de tal manera, desde la primera línea hasta el punto final, con el objetivo de que una vez terminemos el libro queramos regresar a él. Entonces, recorremos “La piel suave”, “Los sonetos”, “La foto” y “La victoria”, somos partícipes de la confesión de un libro que se atreve a contarnos la historia detrás de la historia; vamos a ver a “José Rogelio Castillo”, pasamos por “San Lázaro, 1101”, lo recordamos a “Guillermo Martínez” y pronunciamos, con el pecho hinchado, “Siempre, Che”.

Dos partes y un epílogo han bastado para que Castillo Granada escriba un gran libro, porque esto es, y entiéndanlo bien, un gran libro de cuentos, concebido por más de 10 años y trabajado con buen tino. “Álvaro Castillo no es un librero: es un médico de cabecera que trabaja de otra forma. Su libro es una confesión, una exploración de la vida secreta de las páginas y un canto de amor a uno de los grandes oficios del mundo”, ha dicho Juan Gabriel Vásquez. No se puede decir más. Con estos cuentos uno no queda contento sino maravillado, con la terrible necesidad de volver a leer cada uno de los textos, reconstruir las palabras, las imágenes, los acentos cubanos, argentinos, cachacos, y decir, con aire orgulloso y libresco: “Hasta siempre, compañero”. (abril, 2018).

sábado, 10 de marzo de 2018

Mis Libros Leídos: Un cementerio perfecto – Federico Falco


Falco, Federico (2017) Un cementerio perfecto. Laguna Libros. Bogotá, Colombia.

“Su cuerpo ya no pesaba nada y se desprendió del colchón y el suelo. Silvi se expandió en un soplo, un aullido, un grito. Un gemido largo le tomó la boca, los jadeos le enredaron el pelo. Silvi flotaba alto, rodeada de viento…” (p. 76).



En las montañas, los resquicios boscosos, los pueblos que se alzan bajo las faldas de las cordilleras y a la orilla de los ríos; en medio de la siesta o de alguna revelación insensata, los personajes de estos cuentos se descubren a sí mismos a la intemperie. El rey de las liebres pasa sus días oculto de la civilización, en una cueva o frente al altar que ha construido con huesos de lebratos. Se narra su historia como si fuera una fábula. ¿Es animal el que actúa, o es hombre? Silvi necesita deshacerse de su fe para entender el desasosiego que la embarga. En este cuento, las cosas siguen un curso impreciso. En un instante, todo marcha en un sentido y luego, el narrador nos hace partícipes de un extraordinario vuelco de tuerca. Más adelante, el diseñador de cementerios más famoso encuentra el lugar ideal para su obra maestra, esa por la que será recordado, pero no todo le sale como hubiese querido. Cerquita del final, Mabel y su padre, luego de años de vivir en el pinar, deben abandonar su casa porque pronto llegará el brazo fuerte de la industria para arrasar con ellos. Por último, la señora Kim, en medio de una tormenta de nieve, contempla el río congelado e intenta entender qué le quiso decir su marido en aquel sueño tan extraño.

Cinco cuentos extraordinarios, que narran el paso de los días, la perfección nauseabunda del tiempo; logran captar la vida y hacerla relato, desmenuzarla en palabras, narrarla, disecarla al interior de unas páginas. Son cuentos que exploran, y casi que reconstruyen, un entorno campirano en tiempos de urbes aplastantes. Aquí, no solo los personajes son protagonistas, también los espacios. Son la muestra irrefutable de que a través de las letras se puede sentir calor, padecer escalofríos, y escuchar el suave soplido del viento que pasa y pasa con suma delicadeza junto a nuestras pálidas mejillas. Su máxima acierto está en el ritmo, que es pausado, pero intenso; la prosa del autor argentino envuelve la cabeza del lector, como si fuera una venda en la frente, tan frenéticamente que el efecto perdura mucho después de haber superado el punto final.

Federico Falco, nacido en General Cabrera, provincia de Córdoba, en 1977, es autor de 10 libros. 6 son de cuentos, 2 son de poesía, y los otros 2 son una nouvelle y una obra de teatro. En 2003 fue premiado en la II Bienal de Arte Emergente del Centro Cultural España Córdoba. En 2004 recibió la distinción Cabeza de Vaca del mismo Centro Cultural como el creador joven destacado en el área de Literatura. En 2005 recibió una Beca del Fondo Nacional de las Artes y en 2009, una beca de la New York University y el Banco de Santander para realizar un MFA en Escritura Creativa en Español. Hacia 2010 la revista Granta lo seleccionó como uno de los mejores narradores en lengua española menores de 35 años.

Con este libro, editado por Eterna Cadencia y coeditado en Colombia por Laguna Libros, Falco reconfirma que es una de las voces más originales e interesantes de la literatura argentina contemporánea y, me atrevo a decir, que se consolida de a poco como uno de los autores más talentosos de los últimos años en Latinoamérica” (Marzo, 2018).

viernes, 16 de febrero de 2018

Mis Libros Leídos: Pájaros en la boca – Samanta Schweblin

Schweblin, Samanta (2017) Pájaros en la boca. Literatura Random House. Penguin Random House, Grupo Editorial. Bogotá, Colombia.

(…) Entonces las mariposas, todas ellas en pocos segundos, se alejan volando en distintas direcciones. Los padres intentan atraparlas. Calderón, en cambio, permanece inmóvil. No se anima a apartar el pie de la que ha matado, teme, quizá, reconocer en sus alas muertas los colores de la suya (p. 21).


“Quince son los cuentos que componen este libro; quince son los segundos que uno se toma para suspirar entre cada párrafo. Parar de leer no es una opción. Entonces, quince disparos al aire retumban en el tímpano de quien se atreve a introducirse en estas páginas inundadas de tensión y finales del más alto nivel. Son los cuentos, estos cuentos, de Samanta Schweblin los que logran que la vida se encapsule chiquitita al interior de un agujero que surge en la parte baja de la ventana. Por ahí se ve todo. Por ahí se ve el mundo.

¿Qué es lo real y qué es lo fantástico en estas historias? Un hombre mata por accidente a una mariposa y siente un escalofrío de ultratumba al saberse culpable de su propio sufrimiento; un petiso alberga en la cocina de un restaurante el cuerpo de una mujer y, a pesar de que se supone impedido para realizar muchas cosas, es capaz de defenderse con escopeta en mano de quienes han intentado timarlo; una pareja de jóvenes se empeña en revertir la gestación de un bebé, acudiendo al método más sutil de todos y menos imaginado; un hombre cava un hoyo en la tierra y su comportamiento peculiar alerta a quien le observa; un niño ve que Papá Noel duerme en su casa, justo la noche en que sus padres no la están pasando nada bien; un hombre ve a su hija adolescente comer pájaros vivos; una mujer evoca la infancia desde una banca frente al carrusel de la feria; un hombre sirena se queda hablando con una mujer, en un lago cerca del bar; un pueblo habitado por extrañas gentes sorprende a un hombre que merodea con gesto confuso; el dueño de una juguetería percibe la regresión infantil de su dependiente; el comportamiento de Walter, quien está deprimido, mantiene a su hermano preocupado; los niños de un pueblo comienzan a desaparecer y, años después, alguien se entera de la verdad oculta tras el desafortunado suceso; un hombre pinta cabezas que se estrellan contra el asfalto; Tego siente que la muerte le pisa los talones; una pareja está buscando algo, cuando lo encuentran, no se imaginan lo que se les viene encima.

Estos cuentos parecieran una respuesta extendida a la pregunta “¿qué pasaría si...?” Lo anómalo se vuelve una ocurrencia. Merced al pasivo temple de quien lo atestigua, el episodio finalmente se torna cotidiano: la metáfora extravagante confirma, y no refuta, la realidad. Schweblin ha sabido bien cómo fijarse en los detalles, pensar distinto lo que otros ya habían concebido, escribirlo, contarlo, hacerlo suyo.

Lo cotidiano puede ser escalofriante. Estas cosas pasan a diario, nos pasan a nosotros, a nuestros amigos, a los que conocemos por otros. Pero ¿por qué se nos escapan tanto? No miramos más allá, nos conformamos con un solo episodio, cuando hay toda una franja disponible. El elemento disruptivo de una buena historia no está en la capacidad imaginativa de quien la escribe, sino en lo escabroso de lo cotidiano, en aquello que se mantiene oculto, difícil de ver, pero no imposible.

Con un toque de Carver y O’Connor; tomando cosas de Cheever y Tobias Wolff; imitando, en ocasiones, a Ballard y rondando de cerca el estilo de Bioy Casares, Samanta Schweblin le da rienda suelta a la cuentística para narrar los límites a los que podemos vernos expuestos cuando nos sabemos personajes de una ficción que da cuenta de una realidad tragicómica, una en la que cerramos los ojos y, de repente, tenemos un montón de pájaros en la boca” (Febrero, 2018).

miércoles, 7 de febrero de 2018

Mis Libros Leídos: El estado natural de las cosas – Alejandro Morellón

Morellón, Alejandro (2017) El estado natural de las cosas. Literatura Random House. Penguin Random House, Grupo Editorial. Bogotá, Colombia.

Todo el mundo debería escribir lo que piensa en lugar de pronunciarlo. Nadie debería tener voz más que para cantar o gritar. Un mundo así, un mundo de sigilosos, privado del habla. Un mundo en consonancia con el poder de la palabra escrita en el que no se dijera nada salvo por escrito y desde la reflexión (p. 103).

El estado natural de las cosas, de Alejandro Morellón. /Fotografía, Santiago Díaz Benavides.



“(…) “No es otra cosa que el sonido de un golpe en medio de la noche. Sucede cuando ya no hay casi nadie despierto en el edificio y luego ya no se oye nada más, ningún otro ruido a esas horas de la madrugada excepto los de la propia casa; el zumbido espectral del refrigerador, los estertores de la caldera, el reloj a pilas, resonancias inmanentes e indestructibles que se detectan solo con afinar el oído, que continúan sin que nos demos cuenta y que nos llegan a través del aire, monólogos radiofónicos en el piso de abajo, algún ladrido de perro a manzanas de distancia, voces más allá de la pared y una ventana mal cerrada por la que se cuela el viento, todo el remolino de murmullos que se silencian por la caída pero que vuelven a instalarse en la noche inmediatamente después; y luego, sí, el ruido de unos pies en contacto con el suelo, pasos recorriendo la distancia que hay de la cama a la puerta, las manos que tientan en la pared hasta dar con el interruptor”.

Estas son las primeras líneas del cuento que da título al libro con el que el español Alejandro Morellón obtuvo el IV Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez. El estado natural de las cosas, publicado en España por la editorial Caballo de Troya y distribuido en Latinoamérica por Penguin Random House, a través de su sello Literatura Random House, es una obra en la que se pone en tela de juicio lo que se entiende por normalidad; una colección de relatos en los que el autor hace de la fantasía el instrumento perfecto para explorar las situaciones más inverosímiles, narradas como las más cotidianas. “(…) son historias fantásticas que modulan y deforman el género para volverlo denuncia y retrato de los tiempos que nos ha tocado vivir”, ha dicho el jurado del certamen.

El libro está dividido en tres partes de las que se desprenden los diferentes relatos. El más largo de todos se encuentra a la mitad, y el lector tiene la sensación de que ha sido puesto allí no por azar sino por alguna cuestión que obedece a la esencia misma de lo que se cuenta. En Intervención n.° 3…, un hombre decide perder una parte de su cuerpo a cambio de unos miles de euros; una mujer que ríe en medio de los disturbios que arrasan la ciudad es la situación que se narra en Reprimir el gesto exterminador; un pueblo que espera con devoción la llegada de un huracán es, evidentemente, la historia de Elogio del huracán; alguien que entierra un testículo en el cementerio de Almudena, situación extravagante que se narra en Cuidado con el huevo. Algunas de las ideas que se plantean al interior de este libro de cuentos en el que la vida se retrata inacabada, absurda, pasajera.

Como el perro que olfatea al pájaro, Era la época de los maestros de levitación, Los pájaros que saben, La sombra de una imagen que se ahoga, y Fucksímil ®, son los otros títulos que aquí se encuentran, impregnados todos de una violencia que se hace explicita al momento de leer. “Estamos, a nuestro pesar, rodeados de violencia; y quieras o no es algo que la persona vive y de lo que el escritor no puede desligarse. La ficción sí que se encarga de camuflar ese tipo de violencia para producirlo en otro tipo de violencia más narrativa”, ha comentado el autor en una entrevista realizada en 2017.

Los buenos lectores reconocerán en estas páginas la contundencia de una voz que ha sabido mantenerse distante, no reprimida, más bien clandestina. La labor de Alejandro Morellón con estos cuentos es realmente buena. Con pinceladas kafkianas, tomando algo de Cortázar, explorando un poco de Akutagawa, y saltando hacia Etgar Keret, ha logrado construir una forma de contar que es extravagante, aunque precisa; minimalista, pero fina en detalle. El estado natural de las cosas, una odisea de lo fantástico, un libro que, en mi opinión, no se parece a nada escrito anteriormente en lengua castellana y dará de qué hablar por mucho tiempo, pues, seguramente, estamos ante uno de los escritores hispanos más interesantes del siglo XXI” (Febrero, 2018).

lunes, 15 de enero de 2018

Mis Libros Leídos: Hay días en que estamos idos – Andrés Mauricio Muñoz.

Muñoz, Andrés Mauricio (2017) Hay días en que estamos idos. Seix Barral. Grupo Planeta. Bogotá, Colombia.

Imagen del libro "Hay días en que estamos idos", de Andrés Mauricio Muñoz.
/Fotografía, Santiago Díaz Benavides.
Su cuerpo le resulta armonioso, seductor, aunque haya perdido el ímpetu que tenía en los años idos. Sabe que aún despierta esa doble mirada, lo cual la lleva a caminar con altivez, amparada en el aplomo de quien se sabe bello (p. 117).


“(…) Andrés Mauricio Muñoz es, sin lugar a duda, un prosista estupendo, de los más talentosos de la literatura colombiana contemporánea. Alberto Salcedo Ramos y Juan Esteban Constaín concuerdan en que se trata de una de las voces más interesantes de la narrativa nacional. Afirmación para nada excesiva o desacertada, pues este escritor ha sabido bien cómo acudir a los episodios cotidianos para narrar el tedio y el terror inmersos en la normalidad de la que podemos ser presa fácil los seres humanos.

Con este libro, el más reciente, el autor se da a la tarea de explorar las grietas de un mundo en el que nos vemos envueltos a diario, pero del que no surgen mayores cuestionamientos. De repente, un niño decide ocultarse para siempre de sus padres, acudiendo a una suerte de fortín instalado en las paredes de su casa. Desde allí les habla y pasa sus días como una voz que se dispersa en el aire, sin cuerpo y casi sin alma; una pareja vive a la sombra de otra que parece haber tenido todo planeado antes de traer un hijo al mundo. La mata, la matica, se volverá la excusa perfecta para demostrarles que en algo pueden estar por encima de ellos; un hombre está desempleado y al borde del colapso, al saberse sentenciado a la indiferencia de su esposa, quien parece haber cambiado de actitud desde que él pasara más tiempo en casa que en el trabajo; una ama de llaves llega a la vida de una pareja de esposos que han decidido tener su primer hijo. Las cosas marchan bien hasta que uno de ellos comienza a fijarse en la forma particular de actuar que tiene aquella mujer; Abril Brouwer, una estrella de la televisión nacional, experimenta el ocaso de su carrera y al interior de su apartamento, del cual no sale con mucha frecuencia, comienza a darse cuenta de que sus días pueden verse azotados por el delirio; Mariana y su esposo acaban de comprar una casa con la esperanza de iniciar una vida enfocada en la crianza de los hijos que estarán por llegar. Todo va bien hasta que un día, por razones desconocidas, un cortinero decide apropiarse del lugar y su vida, sin que ellos se den cuenta, está a punto de cambiar para siempre.

Seis cuentos en los que el lector sentirá que los días pasan como si fueran horas y la vida no alcanza, no alcanza para anticipar los detalles monstruosos de los momentos en que por razones inexactas nos sabemos idos ante la cotidianidad de nuestros actos. “Una vez adviertes la grieta, la atmósfera se tensa, te perturbas”, asegura el autor, quien reconoce que uno de sus mayores referentes en la escritura del cuento es el escritor norteamericano Raymond Carver (1938–1988). “Me interesa que los personajes se muevan por sí solos, y que sea ese movimiento lo que determine en qué va a terminar la historia. Los personajes se adaptan a las transformaciones que hay en sus vidas”.

Este libro reconfirma el talento de un escritor hecho a partir de las lecturas, del paso del tiempo, de los días que parecen ser uno más, pero que guardan toda una historia para contar. Lo cotidiano, lejos de ser el gran tema de la literatura universal, es el tema al que los lectores recurren cuando buscan descubrirse a sí mismos, salvarse del agobio de las horas, saberse narrados en un libro de cuentos como Hay días en que estamos idos” (Enero, 2018).