martes, 1 de marzo de 2016

Lecturas Recordadas: “Las buenas conciencias”, de Carlos Fuentes.

Fuentes, Carlos (1959) Las buenas conciencias. Punto de Lectura. México, D.F. 2012.


Haz clic en el siguiente enlace para visualizar la imagen:

Esta maravillosa novela del escritor mexicano Carlos Fuentes (1928–2012), fue mi treceavo libro leído del año pasado, y debo decir que haber estado cerca de las letras de éste autor, una vez más, fue todo un placer. En este libro, el narrador ahonda en su vasta exploración de la vida de los jóvenes mexicanos; en este caso, Jaime Ceballos es el personaje escogido, cuya difícil adolescencia representa la contradicción entre las buenas costumbres y aquellas que a los ojos de los padres, no lo son. No existen culpables ni inocentes, en ésta sociedad “fuentesina” todos son víctimas y a la vez, cómplices.

Ésta historia es rica por su vocabulario y la multiplicidad de escenarios que en ella se presentan. Se centra en la vida de Jaime Ceballos, en Guanajuato, que se define entre lo que debe hacer y lo que quiere; depende de él decidir qué es lo que hará. Su amigo, Juan Manuel Lorenzo, un chico de aspecto indígena que adora leer y andar en la calle, lo lleva por caminos no transitados por quienes consideran que se debe obrar de acuerdo a lo que Dios determina. Así, el joven Ceballos se ve envuelto en un sinnúmero de situaciones carnavalescas que a primera vista parecen ser aventuras, pero con el tiempo, se convierten en fuertes lecciones de vida. Visitar prostíbulos, confesarse, hallar la mentira y la verdad, beber por primera vez, y sentir un incandescente apetito sexual, son de las cosas que Jaime Ceballos vive a lo largo de esta historia.

El libro, entre otras cosas, intenta describir una realidad que no pasa de moda en México y en gran parte de Latinoamérica: la doble moral de la sociedad. Las buenas conciencias (1959) es una de las novelas menos populares del escritor mexicano, y lo cierto es que no entiendo el por qué. Al leer no hay muestra de que la novela haya disminuido en cierto modo la trascendencia cultural o la grandeza literaria del escritor, por el contrario, al interior de estas páginas es posible encontrar una prosa envolvente y una narración que rebosa de descripciones, tanto de lugares como de situaciones. Aquí, Fuentes retrata una sociedad mexicana que es víctima de la mezcla de razas, que se adentra a una época temblorosa y que, para justificar sus temores, se aferra a las estructuras de poder más clasistas de la sociedad. Se trata de un vivir de apariencias que el autor ya había tratado en su libro “Los días enmascarados” (1954), y que se presenta como un culto a la falsedad de un México hipócrita.

Uno de los libros más hermosos que he leído, así defino a esta novela de Carlos Fuentes, por ello recomiendo su lectura a quienes quieran ser partícipes de la obra de éste talentoso escritor que alguna vez viviera sobre la tierra.

“(…) Supo entonces que sería un brillante alumno de Derecho, que pronunciaría discursos oficiales, que sería el joven mimado del Partido de la Revolución en el estado, que se recibiría con todos los honores, que las familias decentes lo pondrían de ejemplo, que se casaría con una muchacha rica, que fundaría un hogar: que viviría con la conciencia tranquila.

La buena conciencia. Aquella noche, en el callejón oscuro de Guanajuato, las palabras le atravesaron con dolor la lengua. Iba a ser un hombre justo. Pero Cristo no había venido por los justos, sino por los pecadores.

Por primera vez en su vida, rechazó la idea. Tenía que hacerse hombre, tenía que olvidar sus niñerías de ayer. Así estaba ordenando el mundo en el que vivía. Cristo quería a los justos, habitaba las buenas conciencias, pertenecía a los hombres de bien, a la gente decente, a las buenas reputaciones. ¡Que cargara el diablo con los humildes, con los pecadores, con los abandonados, con los rebeldes, con los miserables, con todos los que quedaban al margen del orden aceptado!


Caminó de regreso a la casa de los antepasados. Había salido la luna, y Guanajuato le devolvía un reflejo violento desde las cúpulas y las rejas y los empedrados. La mansión de cantera de la familia Ceballos abría su gran zaguán verde para recibir a Jaime” (Fuentes, 1959, p. 182).

No hay comentarios.:

Publicar un comentario