miércoles, 29 de junio de 2016

El Libro Póstumo de Carlos Fuentes: "Áquiles o el guerrillero y el asesino

(No es una reseña sobre el libro, sino un comentario respecto a su publicación).

Desde hace un tiempo, Carlos Fuentes (1928–2012) ha sorprendido al mundo literario y académico por su gran capacidad como narrador e intelectual. Sin duda alguna, es uno de los más grandes escritores mexicanos de los últimos años y uno de los más influyentes a nivel mundial. Su primer libro, Los días enmascarados (1954), fue publicado cuando él tenía 26 años recién cumplidos. Desde entonces, los lectores no han parado de hablar de la existencia de tan magno escritor y ya no hay un solo instante en el que no se hable de Carlos Fuentes, cuando se habla de literatura latinoamericana. Su obra más importante quizá sea La región más transparente (1958), que además fue su primera novela publicada y con la que logró un éxito inimaginable, pues lo catapultó a la élite del mundillo literario. A partir de la publicación de éste libro, Fuentes no pararía de escribir hasta el día de su muerte. Algunos de los libros que son considerados como los más importantes de la totalidad de su obra, a la que él mismo denomino como La edad del tiempo, son: Las buenas conciencias (1959), Aura (1962), La muerte de Artemio Cruz (1962), Cambio de Piel (1967), Terra Nostra (1975), Cristóbal Nonato (1987), y Carolina Grau (2010). A lo largo de su vida, Fuentes fue ganador de numerosos premios, entre los que destacan el Premio Biblioteca Breve (1967), el Rómulo Gallegos (1977), el Miguel de Cervantes (1987), y el Príncipe de Asturias (1994). Además, siempre estuvo entre los candidatos más firmes a ganarse el Premio Nobel de Literatura.

Amigo de Gabriel García Márquez (1927–2014) y preocupado por la realidad política y social de los países latinoamericanos, Carlos Fuentes decidió iniciar una novela en la que pudiera dar cuenta del movimiento revolucionario guerrillero que marcó nuestro continente durante los años 90. Así es como hoy nos llega su nuevo libro, publicado póstumamente, Aquiles o el guerrillero y el asesino (2016), editado por Alfaguara y el Fondo de Cultura Económica.

Éste libro se postula como una crónica rigurosa del ser colombiano y latinoamericano; una pieza tan histórica como personal, que a partir de los relatos y las anécdotas recrea una realidad de la Colombia que alguna vez nos aterrorizó. El interés del autor en escribir la novela, surge a raíz del asesinato de Carlos Pizarro Leongómez (1951–1990), noticia que inundó los periódicos locales y de otros países del continente, lo que le permitiría a Fuentes imaginarse a sí mismo, muy concentrado, escribiendo un testimonio sobre los hechos. Pero, para ello, antes tenía que encontrar a Pizarro entre las letras, no como persona sino como personaje.

En el evento de la presentación del libro, el día 28 de junio, en el Centro Cultural Gabriel García Márquez, la hija del ex comandante guerrillero, María José Pizarro, en compañía del ex presidente de Colombia y amigo del autor, Belisario Betancur (1923 –), revelaron algunos detalles acerca de la manera cómo se llevó a cabo la redacción de la novela. Fuentes partió del deseo, eso es evidente, pero tuvo que hacerse de las suyas para lograr entrevistarse con las personas más cercanas a los hechos. Lo logró, naturalmente. Pero, luego, vendría un problema mucho mayor. Escribir no iba a ser tan sencillo esta vez, pues la realidad colombiana era tan diversa y cambiaba tan a menudo, que hubo que considerar más de cinco posibles inicios y finales para el manuscrito. Hasta que un día, como bien se cuenta en el libro y lo retrata Silvia Lemus de Fuentes (su viuda), él “(…) encontró a Pizarro en el lenguaje y pudo sentarse, como narrador, en la misma fila de asientos del último viaje del héroe” (Ortega, 2015, p.14).

En alguna ocasión, el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez (1973 –), menciona que en alguna parte de su vida, Carlos Fuentes se preguntó si tenía derecho como mexicano a hablar de Colombia, a narrar la historia de un Aquiles colombiano. Y es una pregunta curiosa, según el novelista bogotano, pues Fuentes ya se había apropiado de todo del territorio de la cultura hispánica. Evidentemente, tenía todo el derecho a hablar sobre Colombia.

“La obra de Fuentes le ha dejado a mi generación ese legado: el derecho inalienable que tiene el novelista latinoamericano de apropiarse del mundo entero en la ficción; o mejor, la obligación que tiene de irrespetar las fronteras. Que el Pizarro de turno sea el guerrillero colombiano o el conquistador español es quizás lo de menos: lo importante es que una vez más la realidad histórica, que en su miopía puede hablar de épocas, volverá, por espacio de una novela, a hablarnos de destinos individuales. El lugar y el tiempo, esas coordenadas inevitables de la novela, existen para servir al novelista, no el novelista para servirlas a ellas”.

De manera que, los libros de Carlos Fuentes no se terminaron el día en que su vida se acabó, sino que se han propuesto perdurar en el tiempo, a pesar de todo, y hoy, con total satisfacción puedo decir, como lector apasionado de su obra, que nos ha heredado una pieza hospitalaria de la literatura latinoamericana, “donde la muerte no [es] un deporte nacional sino una lección de piedad” (Ortega, 2015, p. 14).





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