miércoles, 18 de enero de 2017

Mis Libros Leídos: Una casita en el aire – Gabriela Arciniegas.

Arciniegas, Gabriela (1982) Una casita en el aire. Edit. Plaza & Janés. Bogotá, Colombia.

(…) Y es desde entonces, por el último recuerdo inolvidable que nos dejó, precisamente antecitos de morirse, que todos adoramos el silencio, porque nos lo dejó como si fuera lo último que tenía para decirnos (p. 24).
Nos pasamos la vida pensando en la muerte, preocupándonos por ella: cuándo llegará, cómo llegará, será dolorosa o apacible. Pero no nos damos cuenta de que morimos cada vez que pensamos en ello. La clave de todo está en vivir cada día como si fuera el último. Es cierto, aunque suene a frase gastada. No lo digo yo, lo dicen los libros. Es por esto que hablaré sobre uno que me ha parecido hermoso, en algunos de sus pasajes, y aburrido en otros, pero más allá de eso, se me ha hecho profundamente esperanzador.

El libro del que hablo lleva por título: Una casita en el aire, al mejor estilo de los vallenatos de antes. Y es que, ciertamente, su contenido lleva consigo una musicalidad especial, como de pueblo perdido, como de tierra baldía. Su autora, Gabriela Arciniegas, de quien no tengo registros, salvo por el hecho de que es hija de Germán Arciniegas (1900–1999), uno de los intelectuales colombianos más importantes del siglo XX, ha llegado a mí gracias a esta colección de cuentos que encontré un día, por casualidad, en una librería de viejo. Me acerqué a un montón de libros que estaba arrinconado en el suelo. Por accidente, deje caer los libros que estaban más arriba. Al acurrucarme para ordenarlos, una portada de una casita de lo más rústica llamó mi atención. No había oído del libro ni de la escritora, pero cuando lo abrí me lleve una sorpresa maravillosa: estaba autografiado, con fecha de 1982. Fue como si el libro mismo quisiera que lo leyera. Entonces, lo tomé y me lo llevé.

Acabo de terminar de leerlo y no me arrepiento de haberlo encontrado. Será, sin duda alguna, de las piezas más importantes de mi colección. Es un libro encantador. En su interior hay 17 cuentos cortos, de los cuales algunos son leyendas colombianas, rumanas y checas. Cómo fue lo de mamá Quiquita, es un cuento conmovedor, con un toque de amargura. El día y la noche, es un lienzo a viva voz que dibuja “un viento agrío, teñido de mariposas negras”. En Silenia, Matinée, vespertina y noche, y División, multiplicación y resta, la autora explora una voz fresca, limpia, mientras habla con elocuencia sobre los paisajes distantes. Las manos, es el aporte de misterio que ofrece este libro, tal vez el retrato del remordimiento. El secretario, es un homenaje a Isaac Asimov (1920–1992) y Ray Bradbury (1920–2012), con sus textos de ciencia ficción. Una casita en el aire, es una mezcla de inocencia y lujuria, una narración psicodélica sobre el estar vivo y morir de repente. Y vivieron muy felices, tal vez es el que más me ha gustado; un texto prodigioso en donde una niña descubre el dolor sin saberlo.

No sé si la vida está escrita desde antes en algún lugar, pero de algo estoy seguro: los libros siempre sabrán cómo llegar al lector ideal. Yo he sido, en cierta forma, el lector que éste libro necesitaba. Y éste libro es justo lo que yo necesitaba leer. Recomiendo a todos, que busquen este tesoro y tantos otros, con la esperanza, quizá irreal, de que la vida puede verse desde el aire, estando vivos.

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