miércoles, 1 de febrero de 2017

Mis Libros Leídos: El capote – Nikolái Gógol.

Gógol, Nikolái (1842) El capote. Edit. Nórdica libros. Ilustraciones de Noemi Villamuza. Bogotá, Colombia (2013).

(…) Y San Petersburgo se quedó sin Akaki Akákievich,
como si nunca hubiera existido (p. 83).
Agradezco a Ana Blasfuemia, del sitio http://loqueleolocuento.blogspot.com.co/ por haberme conducido en el camino correcto de esta lectura.

 No todos los buenos libros tienen que ser grandes. Yo, que escribo este blog con el ánimo de dar rienda suelta a mis ideas, he leído uno de esos libros. Uno pequeño, pero buenísimo. Se trata de El capote, escrito hacia el año 1842, por Nikolái Gógol. Esta pequeña historia, más un cuento que otra cosa, tiene la frescura y el ambiente de las buenas novelas rusas. Su autor, para contarnos lo que sucede, nos pone la mano en el hombro y nos conduce, como lectores, por calles frías y lúgubres, a la vez que nos presenta a Akaki Akákievich, un don nadie, una de esas personas invisibles que, por serlo, son tratadas como inferiores. Se desempeña como copista en una oficina y ama su trabajo, es lo único que sabe hacer y lo único en lo que ocupa su pensamiento. Carece de ambiciones, anhelos más allá de lo normal, y actitudes distintas a las de ser un completo servidor. Vive en San Petersburgo, una ciudad muy fría. Y para él, que recibe una paga mínima por su trabajo, significa un problema la condición climática del lugar. Si vives en Rusia, has de necesitar un buen capote, un abrigo que te permita cobijarte y soportar el frío. Así que, Akaki Akákievich necesita urgentemente uno, pues lo que lleva puesto a diario no es más que una prenda gastada a la que sus compañeros de trabajo se refieren como “bata”. Conseguir ese capote dará color a su vida, pues ahora tiene una meta, una ilusión. Es una forma de ser, finalmente, alguien.

Gógol nos permite recorrer junto a su personaje una cantidad de lugares en los que el viento es el visitante más común. A algunas personas el infortunio las persigue y ese es, precisamente, el caso de Akaki Akákievich. Sólo diré que logra comprar su nuevo capote, uno bellísimo que es objeto de elogios por parte de sus colegas. Está feliz, no cae en sí mismo de la alegría que siente. Pero como en todo texto ruso, algo siempre se atraviesa en el camino y altera el curso de las cosas. Yo pienso que la idea del autor era hacer entender a los lectores que la vida no es más que un momento y no es bueno gastarla en pequeñeces.

Este cuento es uno de los mejores que he leído, sin duda alguna. De principio a fin, mantiene atento al lector, no lo deja ir. Y, teniendo en cuenta que se trata de una situación tan sencilla como la vida de un hombre y su fascinación con un capote, es maravilloso el ritmo que logra. Son muchas las interpretaciones que se pueden hacer de esta lectura y, eso es lo brillante. Un texto, un buen texto, no lo es por lo que cuenta sino por cómo lo cuenta.

Recomiendo este libro con el ánimo de que los lectores puedan hallar una razón más para ser buenas personas.

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