lunes, 20 de febrero de 2017

Mis Libros Leídos: Pedro Páramo – Juan Rulfo.

Rulfo, Juan (1955) Pedro Páramo. Edit. Cátedra. España.
El hijo de Pedro Páramo viaja a Comala para encontrarse con su padre, sólo para verse atrapado en un mundo sin vida. La historia de lo ocurrido sobrepasa cualquier previsión del lector. La novela de Rulfo ha sido considerada como una de las [más importantes] de la literatura en lengua castellana por Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Jorge Luis Borges. Autores de otros idiomas, como Günter Grass, Susan Sontag y Gao Xingjian se cuentan también entre sus grandes admiradores (Tomado de: http://juan-rulfo.com/rulfoescritor2.htm).

Durante algún tiempo me vi tentado a leer este libro, pero distintas situaciones me lo impidieron, y admito, con vergüenza, que en algunas ocasiones hui de su contenido, porque me lo recomendaban demasiado o ya se me hacía irritante. ¡Que idiota habría sido! Pues me hubiese perdido de tan maravillosa historia. Recientemente, he terminado de leer lo que estas letras tenían guardado para contar y me alegra haberlo hecho, pues se ha convertido en uno de mis libros de preferencia.

(…) Este pueblo está lleno de ecos. Tal parece que estuvieran encerrados en el hueco de las paredes o debajo de las piedras. Cuando caminas, sientes que te van pisando los pasos. Oyes crujidos. Risas. Unas risas ya muy viejas, como cansadas de reír. Y voces ya desgastadas por el uso. Todo eso oyes. Pienso que llegará el día en que estos sonidos se apaguen (p. 41).
Pedro Páramo, es de esas novelas cortas que aunque no cuentan las más grandes cosas, atrapan al lector desde las primeras páginas. Se trata de una historia maravillosa en la que los muertos hablan y recuerdan cómo era su vida antes de cruzar el umbral, y los vivos se aterran ante la inminente llegada del día final. Algunos críticos han advertido que se trata de una obra maestra, y tiene mucho para serlo, pues su extensión no es excusa, como lo es en el caso de El coronel no tiene quien le escriba (1961), de Gabriel García Márquez. Sin embargo, no han faltado los lectores acostumbrados a los esquemas tradicionales que se desorientan ante una estructura diferente, innovadora. Y es que este libro es de esos que se deben leer con atención, como cuando oímos lo que hablan en la otra habitación; éste libro debe leerse con el entusiasmo que implica hablar sobre la muerte, no para tenerle miedo, sino para esperarla con respeto. 

A lo largo del texto, son varios narradores los que intervienen para narrar una historia en la que la muerte va más allá de la vida, así es, porque no es la vida lo que importa, sino la muerte y cómo la cuentan quienes la padecen. El lector se hallará envuelto en un mar de susurros, oyendo las voces de los muertos que se mueven en un mundo de aires calientes y ánimas que aparecen en las noches para recordar lo que fue la vida, lo que alguna vez hicieron en Comala.

Aquí, no hay una cronología establecida, no hay un orden. Se trata de una novela contada en fragmentos, como si se acudiera a la mente de los muertos, que recuerdan, sí, pero con dificultad. No hay un personaje central, tal vez un tema o un lugar, pero las acciones no son solo de uno. Mariana Frank ha insistido en que el estilo estereofónico de la estructura narrativa divide la novela en dos partes: la primera sería la historia de Pedro Páramo, que es  una especie de biografía, casi siempre en tercera persona; y la segunda, la de su hijo Juan Preciado, en donde se narra el diálogo que sostiene con Dorotea. Ambas tramas se complementan. Si leyéramos la novela, no como un libro sino como una película, seguramente todo sería más sencillo, pues hay más imagen que letra en esta historia, más clima que otra cosa y, siendo así, espero que puedan acercarse a este libro a todos los que alguna vez han pensado, como yo, en lo que harán nuestros muertos después de que los enterramos.

Si se ha dicho de <<Los de Abajo>> que es un friso horizontal y continuo de la Revolución mexicana, podría decirse de Pedro Páramo que es un tapiz en relieve con motivos que se repiten hasta la saciedad o, si se quiere, un cuadro cubista de la vida en Comala durante el poderío de Pedro Páramo, que todo lo tenía a pedir de boca, pero nunca pudo conseguir lo único que realmente le importaba: el amor de Susana San Juan.

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