sábado, 25 de febrero de 2017

Mis Libros Leídos: Dos o tres inviernos – Alberto Sierra Velásquez.

Sierra, Alberto (2007) Dos o tres inviernos. Biblioteca de literatura del caribe colombiano. Universidad de Cartagena. Cartagena, Colombia.
Este es el noveno libro que leo en el año. Ya voy rompiendo mi propio record de los años anteriores. Pero eso no es lo que interesa. Bueno, a mí sí, pero a ustedes no. En fin, el libro del que hablo es Dos o tres inviernos, del escritor colombiano Alberto Sierra Velásquez. Se trata de un texto corto y revelador, no es nada sencillo de leer y su estructura es sumamente compleja. La novela, escrita a manera de monologo, es una reflexión sobre la soledad, el amor, el tedio y el abandono. El personaje que narra es una mujer que se halla encerrada en su habitación y se plantea la tarea de indagar en su mente acerca de la vida y la búsqueda constante del amor que, en ocasiones, se hace imposible.

Soy un objeto que se dilata, que odia o que ama o que no hace ninguna de estas cosas. Todos los días digo: ¡existo!, tengo derecho a vivir, a reír, a gritar, a respirar. Pero no estoy dispuesta a vacilar más. Todo va a terminar. Quiero salir de aquí, tener iniciativas, vivir. Oscurecer de una vez por todas esta vida inconcebible (p. 52).

Este libro es de esos que te dejan la sensación de que tu cabeza es un completo desorden. Lo que se halla al interior de esta novela es, literalmente, el desorden de una mente que divaga entre la vida y la muerte. Se trata de una mujer que ve pasar, uno a uno, dos de tres inviernos, y descubre que hay un sinsentido tenue en todo lo que hacemos. Lejos de ser un texto nihilista, el contenido de este libro llega a permearse por el existencialismo, en el sentido de que algunas de las afirmaciones que realiza el personaje, a cuya mente ingresa el lector, se orientan, casi de lleno, hacia una visión de mundo en la que la vida pasa a un segundo plano.

Usted es un pájaro que levantará su mano derecha y la extenderá hasta rozar apenas su frente. Yo seré su pájaro que no querré volver sobre el pasado, que ahora tendrá la necesidad de empezar nuevamente. Usted no volverá a estar devorado por la desconfianza en sí mismo. No somos pájaros abolidos (p. 77).

Debo decir que no he disfrutado de la lectura de esta novela. Me ha parecido una muy buena forma de poner a funcionar la voz narrativa del monologo interior, pero no ha sido una historia de mi agrado. Recomiendo a quienes se interesan por indagar en las técnicas de la literatura que se acerquen a este tipo de textos. A mí me ha servido para entender la dimensión de la estructura narrativa en una novela, pero no daría el libro a un lector que solo quiere extraviarse en un mar de letras y disfrutar de unas buenas palabras. Con este libro, literalmente, duele la cabeza. Considero que hay novelas para leer y otras para estudiar, ésta pertenece a la segunda categoría. Espero que mi próxima lectura supere mis expectativas.

martes, 21 de febrero de 2017

Mis Libros Leídos: Historias de San Petersburgo – Nikolái Gógol.

Gógol, Nikolái (1955) Historias de San Petersburgo. Traducción de Olga Sokolov y Lur Sotuela. Edit. Eneida. Madrid, España (2012).
La literatura rusa es, sin duda, una de las más ricas en la historia de la humanidad. Narradores como Pushkin, Tolstoi, Dostoyevski, Turguénev o Chéjov, nos han permitido entender que las mejores cosas escritas no siempre deben girar en torno a las acciones de un personaje, sino de la forma en que piensa dicho personaje para obrar de una u otra manera; la descripción, la introspección y la reflexión son tres de las características más notables en la literatura propia de la tierra de los zares, y uno de sus máximos exponente es, claro está, Nikolái Gógol (1809–1852), de quien, recientemente, he consultado lo suficiente como para asegurar que fue, y sigue siendo, uno de los mejores narradores de la literatura europea. Pero una afirmación como ésta carece de fundamento si quien la ejecuta no ha tenido acercamiento a la obra como tal. No es el caso, en esta ocasión, pues debo decir que he disfrutado de la lectura de, a mí parecer, uno de los libros de cuentos más maravillosos de todos los tiempos: Historias de San Petersburgo.

Con aproximadamente 260 páginas, este libro lleva en su interior cinco cuentos notables que, de manera impecable, retratan el clima y el ritmo de vida de una Rusia zarista que se debate entre la fantasía y la cruda realidad, tan inundada de divisiones sociales y desigualdades. El autor, con un toque de ironía que es, realmente, espléndido, narra estas historias con tal habilidad que, en ocasiones, el lector se sentirá como si estuviera en una conversación y no en medio de la lectura de un libro.

Pues bien, llegué a estos cuentos por recomendación de una maestra; al principio, solo tenía la idea de cumplir con la tarea, pero después me vi envuelto en un mar de historias, todas tan increíbles, que en lugar de leer únicamente lo pactado en clase, me dispuse a leer todo el libro y, debo decir que me ha gustado de sobremanera. El cuento que más curioso me pareció fue La nariz (1836), que narra la historia de un hombre que un día pierde su nariz y, de pronto, la ve caminando por la calle y fingiendo que es un funcionario del Estado. El lector podrá encontrar aquí una cierta similitud con lo que ocurre en La metamorfosis (1912), de Franz Kafka (1883–1924). Otro de los cuentos que disfruté fue El retrato, que es la historia, un poco al estilo de Oscar Wilde (1854–1900), de un cuadro con características misteriosas, un lienzo que pareciera haber sido pintado por el mismísimo demonio. En esta ocasión, el autor hace uso de distintas voces para contarnos lo que sucede alrededor de tan enigmático retrato y, en algunos pasajes, desarrolla un argumento magistral en torno a las acciones de un artista, sus pasiones y motivaciones. De este cuento me llevo una grata enseñanza; sin embargo, el texto que más me ha gustado, debido a intereses personales, es Diario de un loco, en donde se narra la historia de un hombre que está fuera de sus cabales y escribe un diario para entender un poco lo que le ocurre, para intentar acudir a la cordura en un momento de intensa locura. Pero, ¿quiénes somos para juzgar la locura de alguien? ¿Quién asegura que estamos cuerdos?

A través de la narración de paisajes, avenidas y calles, Gógol da cuenta de una sociedad en la que lo más vívido que puede ocurrir, por extravagante que parezca, es la desaparición de una nariz, el robo de un capote y la ira de un alma inconforme que se abalanza sobre hombres de apariencia noble, pero de corazón mezquino; el suicidio de un sujeto a causa de un amor imposible, el terror que produce la mirada de un prestamista retratado o las ocurrencias de un tal rey de España que vive en Rusia. La verosimilitud no es excusa cuando el talento se justifica por sí mismo. Debo decir, a manera de cierre, que no me cabe la menor duda de que éste escritor ruso fue uno de los máximos exponentes de la cultura de su tiempo y, hoy, años después de su muerte, sigue siendo uno de los mejores narradores de la literatura europea. Recomiendo su lectura a todo lector apasionado.

Para complementar el contenido de este post, sugiero visitar este link: 

lunes, 20 de febrero de 2017

Mis Libros Leídos: Pedro Páramo – Juan Rulfo.

Rulfo, Juan (1955) Pedro Páramo. Edit. Cátedra. España.
El hijo de Pedro Páramo viaja a Comala para encontrarse con su padre, sólo para verse atrapado en un mundo sin vida. La historia de lo ocurrido sobrepasa cualquier previsión del lector. La novela de Rulfo ha sido considerada como una de las [más importantes] de la literatura en lengua castellana por Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Jorge Luis Borges. Autores de otros idiomas, como Günter Grass, Susan Sontag y Gao Xingjian se cuentan también entre sus grandes admiradores (Tomado de: http://juan-rulfo.com/rulfoescritor2.htm).

Durante algún tiempo me vi tentado a leer este libro, pero distintas situaciones me lo impidieron, y admito, con vergüenza, que en algunas ocasiones hui de su contenido, porque me lo recomendaban demasiado o ya se me hacía irritante. ¡Que idiota habría sido! Pues me hubiese perdido de tan maravillosa historia. Recientemente, he terminado de leer lo que estas letras tenían guardado para contar y me alegra haberlo hecho, pues se ha convertido en uno de mis libros de preferencia.

(…) Este pueblo está lleno de ecos. Tal parece que estuvieran encerrados en el hueco de las paredes o debajo de las piedras. Cuando caminas, sientes que te van pisando los pasos. Oyes crujidos. Risas. Unas risas ya muy viejas, como cansadas de reír. Y voces ya desgastadas por el uso. Todo eso oyes. Pienso que llegará el día en que estos sonidos se apaguen (p. 41).
Pedro Páramo, es de esas novelas cortas que aunque no cuentan las más grandes cosas, atrapan al lector desde las primeras páginas. Se trata de una historia maravillosa en la que los muertos hablan y recuerdan cómo era su vida antes de cruzar el umbral, y los vivos se aterran ante la inminente llegada del día final. Algunos críticos han advertido que se trata de una obra maestra, y tiene mucho para serlo, pues su extensión no es excusa, como lo es en el caso de El coronel no tiene quien le escriba (1961), de Gabriel García Márquez. Sin embargo, no han faltado los lectores acostumbrados a los esquemas tradicionales que se desorientan ante una estructura diferente, innovadora. Y es que este libro es de esos que se deben leer con atención, como cuando oímos lo que hablan en la otra habitación; éste libro debe leerse con el entusiasmo que implica hablar sobre la muerte, no para tenerle miedo, sino para esperarla con respeto. 

A lo largo del texto, son varios narradores los que intervienen para narrar una historia en la que la muerte va más allá de la vida, así es, porque no es la vida lo que importa, sino la muerte y cómo la cuentan quienes la padecen. El lector se hallará envuelto en un mar de susurros, oyendo las voces de los muertos que se mueven en un mundo de aires calientes y ánimas que aparecen en las noches para recordar lo que fue la vida, lo que alguna vez hicieron en Comala.

Aquí, no hay una cronología establecida, no hay un orden. Se trata de una novela contada en fragmentos, como si se acudiera a la mente de los muertos, que recuerdan, sí, pero con dificultad. No hay un personaje central, tal vez un tema o un lugar, pero las acciones no son solo de uno. Mariana Frank ha insistido en que el estilo estereofónico de la estructura narrativa divide la novela en dos partes: la primera sería la historia de Pedro Páramo, que es  una especie de biografía, casi siempre en tercera persona; y la segunda, la de su hijo Juan Preciado, en donde se narra el diálogo que sostiene con Dorotea. Ambas tramas se complementan. Si leyéramos la novela, no como un libro sino como una película, seguramente todo sería más sencillo, pues hay más imagen que letra en esta historia, más clima que otra cosa y, siendo así, espero que puedan acercarse a este libro a todos los que alguna vez han pensado, como yo, en lo que harán nuestros muertos después de que los enterramos.

Si se ha dicho de <<Los de Abajo>> que es un friso horizontal y continuo de la Revolución mexicana, podría decirse de Pedro Páramo que es un tapiz en relieve con motivos que se repiten hasta la saciedad o, si se quiere, un cuadro cubista de la vida en Comala durante el poderío de Pedro Páramo, que todo lo tenía a pedir de boca, pero nunca pudo conseguir lo único que realmente le importaba: el amor de Susana San Juan.

sábado, 4 de febrero de 2017

Mis Libros Leídos: Cartas a un joven novelista – Mario Vargas Llosa.

Vargas Llosa, Mario (1997) Cartas a un joven novelista. Edit. DeBolsillo. Penguin Random House Grupo Editorial. Bogotá, Colombia (2015).

(…) nadie puede enseñar a otro a crear; a lo más, a escribir y leer. El resto, se lo enseña uno a sí mismo tropezando, cayéndose y levantándose, sin cesar (p. 136).
Desde que tengo memoria y la habilidad para leer, me he preguntado cómo hace un escritor para inventar tan magnas historias y deleitar a los lectores con el simple uso de sus palabras. Aún no he hallado una respuesta y ya he pasado por la universidad, estudiado libros y autores, y practicado sus maniobras para la escritura. Me parece que lo único que me permitirá obtener una respuesta es el hecho de enfrentarme a la escritura misma de un libro. Eso es, precisamente, lo que me he propuesto para los próximos dos años. Ya he venido trabajando en la redacción de un libro de cuentos al que sólo le hacen falta unos cuantos detalles. Una vez terminado, habré de buscar el apoyo de una editorial, pero eso es otra historia. Lo que me hace escribir este texto, no es la escritura de un libro sino la lectura de uno. Se trata de Cartas a un joven novelista, de Mario Vargas Llosa.

La lectura de este texto me ha permitido comprender que no existe una formula o algún atajo para que una persona pueda escribir un buen libro. Vargas Llosa, aquí, se dirige al lector como si se tratara de una correspondencia que lleva mucho tiempo. Los temas de las cartas son las posibles respuestas que el autor le brinda a un joven escritor que se halla inquieto por entender lo que se encuentra detrás de la escritura de una novela. Pero, ¡cuidado!, el autor nos advierte de algo importante desde el inicio: “Éste no es un manual para aprender a escribir, algo que los verdaderos escritores aprenden por sí mismos. Es un ensayo sobre la manera como nacen y se escriben las novelas, según mi experiencia personal (…) Se trata, pues, de un libro muy personal y, en cierto modo, de una discreta autobiografía”. Nos dirige, a todos aquellos que tenemos la ilusión de escribir, unas reflexiones bastante interesantes acerca del arte de narrar y el oficio de ser escritor. Nos habla de cómo comenzar a darle forma a esa vocación literaria, por dónde empezar a contar una historia, cómo llegar a los buenos temas, explorando diferentes escenarios de la escritura de ficción como la persuasión, el estilo, el tipo de narrador, el espacio, el tiempo, el nivel de realidad, los datos escondidos y los vasos comunicantes. En ocasiones, el discurso se hace extremadamente académico, pero en otros, el autor nos permite entender esa habilidad suya para la escritura de novelas que tantas cosas buenas le ha traído en la vida.

“(…) detrás de esas aventuras ficticias que encienden la imaginación de los lectores y los conmueven, hay no sólo intuición, fantasía, invención y una pizca de locura, sino también terquedad, disciplina, organización, estrategia, trampas y silencios, y una urdimbre compleja que levanta y sostiene en vilo la ficción” (p. 9).

Pues bien, la escritura de un libro no es sólo el deseo mismo de escribir sino el convencimiento en cuanto a tal. Un escritor ha de ser comprometido, disciplinado, perfeccionista, arriesgado y soñador, ante todo, soñador. Recomiendo, pues, la lectura de este buen documento del escritor peruano para todos aquellos que, como yo, quieren dedicar sus días a la literatura.

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miércoles, 1 de febrero de 2017

Mis Libros Leídos: El capote – Nikolái Gógol.

Gógol, Nikolái (1842) El capote. Edit. Nórdica libros. Ilustraciones de Noemi Villamuza. Bogotá, Colombia (2013).

(…) Y San Petersburgo se quedó sin Akaki Akákievich,
como si nunca hubiera existido (p. 83).
Agradezco a Ana Blasfuemia, del sitio http://loqueleolocuento.blogspot.com.co/ por haberme conducido en el camino correcto de esta lectura.

 No todos los buenos libros tienen que ser grandes. Yo, que escribo este blog con el ánimo de dar rienda suelta a mis ideas, he leído uno de esos libros. Uno pequeño, pero buenísimo. Se trata de El capote, escrito hacia el año 1842, por Nikolái Gógol. Esta pequeña historia, más un cuento que otra cosa, tiene la frescura y el ambiente de las buenas novelas rusas. Su autor, para contarnos lo que sucede, nos pone la mano en el hombro y nos conduce, como lectores, por calles frías y lúgubres, a la vez que nos presenta a Akaki Akákievich, un don nadie, una de esas personas invisibles que, por serlo, son tratadas como inferiores. Se desempeña como copista en una oficina y ama su trabajo, es lo único que sabe hacer y lo único en lo que ocupa su pensamiento. Carece de ambiciones, anhelos más allá de lo normal, y actitudes distintas a las de ser un completo servidor. Vive en San Petersburgo, una ciudad muy fría. Y para él, que recibe una paga mínima por su trabajo, significa un problema la condición climática del lugar. Si vives en Rusia, has de necesitar un buen capote, un abrigo que te permita cobijarte y soportar el frío. Así que, Akaki Akákievich necesita urgentemente uno, pues lo que lleva puesto a diario no es más que una prenda gastada a la que sus compañeros de trabajo se refieren como “bata”. Conseguir ese capote dará color a su vida, pues ahora tiene una meta, una ilusión. Es una forma de ser, finalmente, alguien.

Gógol nos permite recorrer junto a su personaje una cantidad de lugares en los que el viento es el visitante más común. A algunas personas el infortunio las persigue y ese es, precisamente, el caso de Akaki Akákievich. Sólo diré que logra comprar su nuevo capote, uno bellísimo que es objeto de elogios por parte de sus colegas. Está feliz, no cae en sí mismo de la alegría que siente. Pero como en todo texto ruso, algo siempre se atraviesa en el camino y altera el curso de las cosas. Yo pienso que la idea del autor era hacer entender a los lectores que la vida no es más que un momento y no es bueno gastarla en pequeñeces.

Este cuento es uno de los mejores que he leído, sin duda alguna. De principio a fin, mantiene atento al lector, no lo deja ir. Y, teniendo en cuenta que se trata de una situación tan sencilla como la vida de un hombre y su fascinación con un capote, es maravilloso el ritmo que logra. Son muchas las interpretaciones que se pueden hacer de esta lectura y, eso es lo brillante. Un texto, un buen texto, no lo es por lo que cuenta sino por cómo lo cuenta.

Recomiendo este libro con el ánimo de que los lectores puedan hallar una razón más para ser buenas personas.