sábado, 6 de enero de 2018

Mis Libros Leídos: Humo – Gabriela Alemán.

Alemán, Gabriela (2017) Humo. Literatura Random House. Penguin Random House Grupo Editorial. Bogotá, Colombia.


(…) No se sorprende de ver a Andrei, ni de estar desnuda frente a él, ni de que la sostenga con tanta delicadeza. Le sonríe y la liviandad de su sonrisa es como un campo de mariposas, pero la sensación se pierde con demasiada rapidez. Soledad vuelve a temblar y a quemarse. Nada cambia mientras pasan los días y Andrei se desespera. Hay mucho movimiento en la casa; Biró y Palamazczuk son, esta vez, quienes se encargan de todo. No se atreven a interrumpir a Andrei, que permanece inmóvil, con los ojos cerrados: sintiendo cómo cada instante que pasa tiene la densidad de una gota que arrastra el arroyo de lo que nunca podrá experimentar (p. 37).

"Humo", de Gabriela Alemán. Fotografía, Paula Díaz/ Revista Canéfora.
“(…) La historia que se cuenta en Humo no sobresale por lo que cuenta en sí, sino por la forma en que está contada. Después de 12 años y cerca de 19 versiones; fascinada por la historia de Paraguay, sus lenguas ancestrales y los conflictos transnacionales; como lo hiciera en uno de los cuentos de La muerte silba un blues (2014), Gabriela Alemán ubica al lector en medio de una narración tejida en la selva. La guerra, el río, los árboles y el barro son algunos de los pasajes por donde transitamos de la mano de un personaje como Andrei (una suerte de Gaviero) que se interna en un país —en este caso, Paraguay— atravesado por el conflicto y la naciente ambición de uno de los dictadores más descarados de Latinoamérica: el general Stroessner.

El pasado de Andrei —narrado a través de cartas y un cuaderno de apuntes— se funde con el presente de Gabriela, un alter ego que la autora utiliza para narrar esta historia, y logra dirigirnos a través de un continente azotado por la indiferencia y el poder dictatorial. A Gabriela se le hace llegar una carta en la que se le invita de regreso al país, tras muchos años, para que pueda leer lo que el fallecido Andrei le ha dejado. Una vez allí, Pablo la recibe sin mayores complicaciones y la ubica en una habitación en la que se oyen todos los sonidos del resto de la casa, un lugar en el que el tiempo se estanca. Presa de las dudas, Gabriela se interna en las notas de Andrei y Francisco, otro de los personajes que toman trascendencia en la novela, y poco a poco va desentrañando una verdad que hasta el momento le era distante.

Más allá del juego con la materia gráfica y los sonidos del guaraní, esta novela es la reconstrucción minuciosa de la identidad de un pueblo latinoamericano que, no son solo los paraguayos, somos todos: los argentinos, los chilenos, los ecuatorianos, los colombianos, que padecimos una realidad común y compartimos la inevitable herencia del castellano impuesto a las lenguas que ya habíamos logrado edificar en estas tierras. Con un lenguaje sumamente cuidado, unas imágenes coléricas, y unas idas y venidas que solo pueden apreciarse como si de una película se tratara, la autora logra narrar aquí la forma en que pasa una vida, pasan dos, y seguimos caminando hacia adelante, como cegados por el sol, rumbo a ninguna parte” (Enero, 2018).

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