viernes, 16 de febrero de 2018

Mis Libros Leídos: Pájaros en la boca – Samanta Schweblin

Schweblin, Samanta (2017) Pájaros en la boca. Literatura Random House. Penguin Random House, Grupo Editorial. Bogotá, Colombia.

(…) Entonces las mariposas, todas ellas en pocos segundos, se alejan volando en distintas direcciones. Los padres intentan atraparlas. Calderón, en cambio, permanece inmóvil. No se anima a apartar el pie de la que ha matado, teme, quizá, reconocer en sus alas muertas los colores de la suya (p. 21).


“Quince son los cuentos que componen este libro; quince son los segundos que uno se toma para suspirar entre cada párrafo. Parar de leer no es una opción. Entonces, quince disparos al aire retumban en el tímpano de quien se atreve a introducirse en estas páginas inundadas de tensión y finales del más alto nivel. Son los cuentos, estos cuentos, de Samanta Schweblin los que logran que la vida se encapsule chiquitita al interior de un agujero que surge en la parte baja de la ventana. Por ahí se ve todo. Por ahí se ve el mundo.

¿Qué es lo real y qué es lo fantástico en estas historias? Un hombre mata por accidente a una mariposa y siente un escalofrío de ultratumba al saberse culpable de su propio sufrimiento; un petiso alberga en la cocina de un restaurante el cuerpo de una mujer y, a pesar de que se supone impedido para realizar muchas cosas, es capaz de defenderse con escopeta en mano de quienes han intentado timarlo; una pareja de jóvenes se empeña en revertir la gestación de un bebé, acudiendo al método más sutil de todos y menos imaginado; un hombre cava un hoyo en la tierra y su comportamiento peculiar alerta a quien le observa; un niño ve que Papá Noel duerme en su casa, justo la noche en que sus padres no la están pasando nada bien; un hombre ve a su hija adolescente comer pájaros vivos; una mujer evoca la infancia desde una banca frente al carrusel de la feria; un hombre sirena se queda hablando con una mujer, en un lago cerca del bar; un pueblo habitado por extrañas gentes sorprende a un hombre que merodea con gesto confuso; el dueño de una juguetería percibe la regresión infantil de su dependiente; el comportamiento de Walter, quien está deprimido, mantiene a su hermano preocupado; los niños de un pueblo comienzan a desaparecer y, años después, alguien se entera de la verdad oculta tras el desafortunado suceso; un hombre pinta cabezas que se estrellan contra el asfalto; Tego siente que la muerte le pisa los talones; una pareja está buscando algo, cuando lo encuentran, no se imaginan lo que se les viene encima.

Estos cuentos parecieran una respuesta extendida a la pregunta “¿qué pasaría si...?” Lo anómalo se vuelve una ocurrencia. Merced al pasivo temple de quien lo atestigua, el episodio finalmente se torna cotidiano: la metáfora extravagante confirma, y no refuta, la realidad. Schweblin ha sabido bien cómo fijarse en los detalles, pensar distinto lo que otros ya habían concebido, escribirlo, contarlo, hacerlo suyo.

Lo cotidiano puede ser escalofriante. Estas cosas pasan a diario, nos pasan a nosotros, a nuestros amigos, a los que conocemos por otros. Pero ¿por qué se nos escapan tanto? No miramos más allá, nos conformamos con un solo episodio, cuando hay toda una franja disponible. El elemento disruptivo de una buena historia no está en la capacidad imaginativa de quien la escribe, sino en lo escabroso de lo cotidiano, en aquello que se mantiene oculto, difícil de ver, pero no imposible.

Con un toque de Carver y O’Connor; tomando cosas de Cheever y Tobias Wolff; imitando, en ocasiones, a Ballard y rondando de cerca el estilo de Bioy Casares, Samanta Schweblin le da rienda suelta a la cuentística para narrar los límites a los que podemos vernos expuestos cuando nos sabemos personajes de una ficción que da cuenta de una realidad tragicómica, una en la que cerramos los ojos y, de repente, tenemos un montón de pájaros en la boca” (Febrero, 2018).

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